Elsa Pavón, una de las referentes históricas de la lucha por los derechos humanos en Argentina, falleció este jueves a los 90 años en La Plata. Su vida quedó ligada a la búsqueda incansable de los niños apropiados durante la última dictadura y a uno de los hitos más importantes de Abuelas de Plaza de Mayo, la restitución de la identidad de su nieta Paula Eva Logares.
Personas cercanas a la militante confirmaron la noticia. Pavón fue una de las fundadoras de Abuelas de Plaza de Mayo y tuvo una participación central en la creación de la Asociación Anahí, junto a Chicha Mariani, otra referente de la organización. Su historia personal atravesó una tragedia que transformó en una lucha colectiva por la verdad y la justicia.
El calvario de Elsa comenzó en mayo de 1978, cuando su hija Mónica Sofía Grinspon, su yerno Ernesto Claudio Logares y su pequeña nieta Paula fueron secuestrados en Montevideo, Uruguay. La pareja había escapado de la persecución política en Argentina, pero el horror los alcanzó en el país vecino. Paula tenía apenas 23 meses y su madre estaba embarazada.
Desde entonces, Mónica y Ernesto permanecen desaparecidos, y la búsqueda del hijo o hija que esperaban continúa hasta hoy. Elsa inició un recorrido incansable por juzgados y organismos en Uruguay y Argentina. En La Plata conoció a otras mujeres que atravesaban situaciones similares y se sumó al grupo que daría origen a Abuelas de Plaza de Mayo.
Una búsqueda que hizo historia
La desaparición de la familia ocurrió el 18 de mayo de 1978 en la vía pública. Los secuestradores trasladaron a las víctimas a centros clandestinos en territorio argentino, y Paula fue apropiada por un subcomisario de la Policía Bonaerense, Rubén Lavallén, y su esposa, quienes la inscribieron como hija propia. La tenacidad de Elsa permitió reconstruir parte de lo ocurrido.
En 1983, Abuelas de Plaza de Mayo logró localizar a la niña, y al año siguiente los estudios genéticos confirmaron que se trataba de Paula Eva Logares. El caso marcó un precedente fundamental en la justicia argentina, ya que fue la primera restitución de identidad en la que se utilizaron análisis genéticos como prueba de filiación, a través del denominado índice de abuelidad.
El 13 de diciembre de 1984, Paula recuperó oficialmente su identidad y volvió con su familia biológica. Tenía ocho años y había pasado más de seis separada de sus padres y de su verdadera historia. Fue un momento histórico para las Abuelas, que encontraron en ese caso una prueba concreta del valor de la búsqueda y de la genética para recuperar identidades.
El legado de una lucha incansable
Aunque pudo reencontrarse con su nieta, para Elsa la búsqueda nunca terminó. Siguió reclamando por el paradero de Mónica y Ernesto y por el hermano o hermana de Paula, que debió nacer durante el cautiverio de su madre. Además de su trabajo en Abuelas, Pavón tuvo un papel destacado en la Asociación Anahí, fundada en 1996, que continúa trabajando por el derecho a la identidad y la preservación de la memoria.
Su historia representa una parte fundamental de la lucha de las Abuelas, mujeres que transformaron el dolor por la desaparición de sus familias en una búsqueda colectiva que atravesó generaciones. La muerte de Elsa Pavón deja el legado de una vida dedicada a encontrar la verdad y recuperar identidades, con una búsqueda que, incluso después de haber abrazado a su nieta, nunca abandonó.
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Elsa Pavón fue una de esas mujeres que decidieron no rendirse ante el horror de la dictadura y transformaron su dolor en una causa colectiva. Su vida estuvo marcada por la búsqueda de su familia y por la restitución de la identidad de su nieta, un caso que cambió la historia de la justicia argentina. Su muerte deja un vacío en la lucha por los derechos humanos, pero también un legado imborrable de compromiso y perseverancia.



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