A 43 años de las elecciones que marcaron el regreso de la democracia en Argentina, el abogado Ricardo Argañaraz propuso revisar no solo el significado histórico del 30 de octubre de 1983, sino también el estado actual de las instituciones y la relación entre la política y la sociedad.
Con una mirada atravesada por su propia experiencia militante y su participación en los primeros años del gobierno democrático, dialogó con “La Última Rosca” de Radio Up y definió su presente como el de un “desilusionado esperanzado”, con expectativas puestas en una eventual reacción de la ciudadanía frente al desgaste de la dirigencia.
“Uno podría pensar que es una fecha más o un día más, y la verdad es que aquellos que alguna vez escuchamos, militamos en política y entendemos el valor de la democracia sabemos que no es solamente el hecho de poner un sobre en una urna y ya está”, sostuvo. En ese sentido, consideró que la conmemoración merece "una lectura de lo que pasó, de dónde veníamos, pero también tratar de entender a dónde estamos".
Para Argañaraz, el 30 de octubre representa una fecha simbólica dentro de un proceso histórico que tuvo antecedentes y consecuencias. “Hubo una historia anterior y una historia posterior, claros y oscuros en las dos historias. Tanto antes fue dramático”, señaló, al recordar los años de inestabilidad institucional y los sucesivos golpes de Estado que atravesó el país.
En ese recorrido, destacó el papel de Raúl Alfonsín y el compromiso que asumió durante su campaña presidencial. “El 30 de octubre, el presidente electo en ese momento, Raúl Alfonsín, en toda su campaña, en su gesta, decía: ‘Le vamos a poner una bisagra a la historia. No habrá más golpes de Estado en la Argentina. Los golpes de Estado no saldrán gratis en la Argentina’. Y cumplió. Esa fue su tarea histórica”, recordó.
Argañaraz también repasó su propia trayectoria política. Formado en Córdoba, donde llegó a ser presidente del Centro de Estudiantes de Derecho de la Universidad Nacional, contó que vivió intensamente el surgimiento de Alfonsín dentro del radicalismo y su enfrentamiento interno con Ricardo Balbín en 1973. “Nosotros veíamos en él una luz en un partido tradicional, un partido lleno de estructura pesada”, explicó.
Sobre aquella etapa, consideró que la recuperación democrática fue la culminación de un proceso que también estuvo atravesado por la Guerra de Malvinas y el desgaste del gobierno militar. “Fue la culminación de un proceso histórico que efectivamente Alfonsín dijo: ‘Vamos a ponerle una bisagra a la historia’, con más oscuro que claro, y empezó otro proceso con claro y oscuro”, analizó.
Sin embargo, al trasladar esa mirada al presente, reconoció su desencanto con el funcionamiento de las instituciones. “Hoy soy un desilusionado esperanzado, tengo esperanza en la reacción del pueblo”, afirmó.
La pérdida de confianza y las tres éticas de la política

Uno de los principales cuestionamientos de Argañaraz estuvo dirigido al deterioro de la confianza pública en la dirigencia. “Me molestó y me molesta ser político cuando un asociado cree o está descreyendo de la política. Ese tema a mí me molesta porque los gobiernos que vinieron no han hecho nada para ganarse el respeto de la gente”, sostuvo.
Desde su experiencia, planteó que quienes ocupan responsabilidades de gobierno deben actuar bajo tres principios éticos: la coherencia con las ideas, la responsabilidad frente al momento histórico y la ejemplaridad en el ejercicio del poder.
“La ética es más importante que la moral. La moral es peligrosa, es muy sensible a la cultura de un tiempo”, explicó. Para desarrollar esa distinción, mencionó la esclavitud y las diferencias entre las concepciones sociales de distintas épocas.
Luego enumeró las tres dimensiones que considera fundamentales. “La primera es la ética de las ideas, de las concepciones. El que gobierna tiene que ser coherente con sus ideas, con sus concepciones”, indicó. La segunda, según describió, es la responsabilidad histórica: “Tiene que ser responsable con el tiempo histórico que le toca gobernar”.
En ese punto, puso como ejemplo la decisión de Alfonsín de impulsar la Ley de Punto Final. “Hay momentos históricos que la segunda ética, la ética de la responsabilidad histórica, obliga a trabajar con el tiempo. Entonces, Alfonsín tuvo que enviar la Ley de Punto Final. ¿Por qué? Para salvar el sistema. Él sabía que en algún momento el tiempo iba a solucionar”, señaló.
La tercera dimensión es la ética de la ejemplaridad, vinculada con la conducta de quienes ocupan los cargos más altos. “Si vos sabés que el que está arriba genera pautas de conducta, el que está abajo podrá ser un sinvergüencita, pero sabe que arriba no le van a permitir. Que alguien lo está observando”, explicó.
En esa línea, sostuvo que durante la presidencia de Alfonsín existía una referencia de conducta desde el poder. “Habrá habido tipos corruptos, esto o lo otro, pero sabían que el presidente, el gobernador, no permitían esa actividad y eran sancionados”, afirmó.
Su principal desencanto con el sistema democrático, aclaró, no está relacionado con la posibilidad de elegir autoridades, sino con la aparición de prácticas que, a su entender, se volvieron estructurales dentro del Estado. “La desilusión que tengo con el sistema, con la democracia, es que se instauró en determinado tiempo, en la década del 90 para acá, una corrupción institucional, estructural en el Estado”, cuestionó.
“Se hablaba de que para hacer una obra había que pagar tanto por ciento, como si fuera lo más normal del mundo. En un país normal, eso es un delito tremendo”, agregó. Aun así, insistió en que mantiene expectativas de cambio: “Tengo fe, tengo esperanza. Mi esperanza está intacta, es que después de pasar una cierta cantidad de años en esta situación, la gente comience a ver que eso no corresponde”.
Para el abogado, la posibilidad de construir un país y una provincia mejores depende, en parte, de que la sociedad deje de naturalizar esas prácticas. “Es lamentable que un Estado genere esta actividad casi institucional, con empresas ligadas al Estado, con actividades que efectivamente hacen descreer a la gente en la política”, expresó.
La evaluación del gobierno de Milei y el peso de los gobiernos anteriores

Consultado sobre la gestión del presidente Javier Milei, Argañaraz planteó una evaluación con matices: “Es un retroceso en muchos aspectos y un avance en otros”. También cuestionó el estilo del mandatario y lo contrastó con sus propias concepciones sobre el ejercicio de la política.
“Su personalidad va a contramano de los que estuvimos en distintos cargos, de lo que creemos para la política”, sostuvo. Sin embargo, consideró que la posibilidad de que Milei conserve respaldo electoral también debe analizarse a partir del desgaste de las administraciones anteriores.
“Después de tener 20 años de una arrogancia populista del kirchnerismo, hoy todavía estamos pensando que Milei puede ganar elecciones. Pero no es por Milei, es porque creo yo que a la sociedad le cuesta votar a lo que ya vivió”, afirmó.
En ese sentido, consideró que el Presidente tiene posibilidades electorales porque todavía existe un sector de la sociedad que le pasa factura a la oposición por sus experiencias de gobierno. “Milei está en competencia y creo que tiene más posibilidad de ganar que la oposición porque todavía la sociedad está pasando factura”, señaló.
También cuestionó las formas del mandatario: “En un país normal, con esas actitudes peyorativas hacia el que piensa distinto, ni se nos ocurriría pensar que él podía estar en competencia. Y está en competencia”.
Al referirse a las encuestas, sostuvo que muchas veces los análisis no logran interpretar los movimientos de la sociedad. “Se enamoran de los números y la sociedad, el pueblo argentino y los números forman parte de las ciencias exactas, pero la sociedad argentina no puede ser analizada ni con la biología ni con la ciencia exacta, es una ciencia social y genera cambios que para otra ciencia aparecen como locos y no es así”, argumentó.
Por eso, consideró que la realidad social no puede interpretarse como una fotografía estática ni como una secuencia lineal. “No es ni una foto ni una película, la realidad social. En definitiva, Milei es un fenómeno que creó la propia sociedad argentina”, sintetizó.
Sobre el rol de la oposición, planteó que la democracia requiere una fuerza que gobierne y otra que ejerza el control, pero también que presente alternativas. “Uno puede analizar. A mí me dicen: ‘Tengo amigos peronistas, no hablés del peronismo, no sos peronista’. Es cierto”, comentó.
No obstante, distinguió al peronismo del kirchnerismo y sostuvo que este último perjudicó tanto el comportamiento de la sociedad como al propio movimiento justicialista. “El kirchnerismo le hizo mucho daño al comportamiento de la sociedad argentina. Le restó importancia al mérito, a la educación, pero le hizo mucho daño al peronismo”, afirmó.
También cuestionó que los partidos políticos queden atrapados en la reivindicación de sus figuras históricas. “Tanto Perón como Alfonsín, para sintetizar, ni Perón pertenece al peronismo ni Alfonsín pertenece al radicalismo”, sostuvo.
En esa línea, advirtió que la nostalgia puede convertirse en un obstáculo para construir propuestas actuales. “Si los radicales creen que con la nostalgia de Alfonsín, del gobierno Alfonsín, de la figura del presidente Alfonsín, del dirigente Alfonsín, vamos a salir como propuesta, estamos equivocados. La nostalgia en política paraliza”, expresó.
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La comunicación política y la esperanza en la reacción de la sociedad
Hacia el final de la entrevista, Argañaraz volvió sobre la pérdida de confianza en la dirigencia y sostuvo que el desencanto con la política no es un fenómeno exclusivo de Argentina. Recordó un viaje que realizó a Europa antes de la llegada de Alfonsín al gobierno, cuando conversaba con trabajadores y ciudadanos sobre la percepción que tenían de sus representantes.
“Yo iba cerca de los congresos a tomar un café, a hablar con los mozos. ¿Qué piensan de los diputados, los italianos? ‘Tutti corrupto, tutti corrupto’”, recordó. Y concluyó que, al menos en los países que conoció, encontró una percepción similar a la que existe en Argentina.
“Yo pensaba: ¿en qué va a terminar esto si todos piensan que somos corruptos?”, planteó.
Pese al diagnóstico, volvió a destacar que mantiene expectativas sobre la reacción ciudadana frente a las prácticas que cuestiona. “Tengo esperanza porque veo que la gente ya no se banca más votar a cualquiera. Entonces eso es un avance”, afirmó.
Finalmente, consideró importante recuperar este tipo de debates en fechas conmemorativas, en medio de una agenda pública marcada por la sucesión permanente de noticias. “Es lindo hablar de estos temas porque hay que aprovechar el 30 de octubre. El día a día es una locura, las cosas que ocurren, una noticia tapa a la otra. No es un tema de importancia de producción de noticias, entonces hablar de esto a veces cuesta”, reflexionó.
Y cerró con una definición sobre la necesidad de sostener la discusión pública: “La gente, por supuesto, tiene poco interés en la política. Por eso hay que insistir”
30 de octubre: se cumplen 43 años del regreso de la democracia en Argentina
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