A un año de la tragedia vial sobre el arroyo Yazá, Carolina, mamá de Emi Giménez, uno de los sobrevivientes, dialogó con “La Última Rosca” de Radio Up y recordó las horas de incertidumbre que atravesó al enterarse del accidente, el temor de perder a su hijo y el proceso de recuperación que siguió después. Su testimonio también expone las consecuencias emocionales que persisten en la familia y la espera por avances en el reclamo judicial.
Carolina se enteró de lo ocurrido a través de una publicación en Facebook, alrededor de las 7:30. “Yo me entero por una noticia publicada en Norte Misionero. Y se ve que Radio Up, porque todavía tengo la captura de pantalla que dice Radio Up también en la noticia de Norte Misionero. Así me enteré en Facebook”, relató.
Emi viajaba desde Oberá hacia Eldorado. Al ver la noticia, su mamá intentó comunicarse con él para confirmar que estuviera en el colectivo. “Lo primero fue llamarle para asegurarme que él estaba en el colectivo”, contó. Como el teléfono sonaba, pero nadie respondía, llamó a un amigo con quien su hijo vivía en Oberá.
La respuesta confirmó que Emi había viajado y desató la desesperación. “Cuando me dijo así se me vino el mundo abajo completamente”, recordó.
En ese momento, Carolina todavía no sabía si su hijo estaba entre las personas heridas, si había sido trasladado o cuál era su estado. Con su marido comenzó a buscar información, hasta que recibieron un dato sobre dos jóvenes internados en terapia intensiva en Oberá, con politraumatismos y sin identificación confirmada.
“Cuando me dijeron así, yo dije, bueno, por lo menos si es mi hijo, por lo menos aquí está con vida. Está en estado crítico, pero con vida. La puede luchar y salir”, recordó sobre la esperanza a la que se aferró en medio de la incertidumbre.
“Fue el peor día de mi vida”

Después de comunicarse con el papá de Emi, Carolina emprendió el viaje para llegar hasta donde estaba su hijo. Durante el trayecto recibió información contradictoria sobre el lugar al que lo habían trasladado, por lo que tuvo que cambiar de rumbo. Finalmente, llegó a Oberá cerca de las 14:30.
El encuentro con Emi, internado en estado crítico, quedó marcado como uno de los momentos más duros de su vida.
“Fue el peor de mi vida, sin duda alguna. Que no quiero ni siquiera imaginarme el dolor que yo sentí ese día viéndole a mi hijo en ese estado. La verdad que nunca en mi vida me imaginé jamás como mamá, fue un dolor terrible”, expresó.
Pese a la gravedad del cuadro, el hecho de que siguiera con vida le permitió conservar una esperanza. Sin embargo, junto con el miedo apareció también la culpa por haberle insistido para que viajara.
Carolina recordó que Emi no había ido a visitarla para el Día de la Madre y que ella le había pedido que se acercara. “Me sentí malísima porque en realidad si él no venía no iba a pasar, no le iba a pasar eso”, confesar.
Los días siguientes fueron difíciles. Emi permaneció en coma alrededor de cuatro o cinco días, según recordó su mamá. Durante ese tiempo, ella casi no podía comer ni dormir y sufría por verlo internado.
“Yo pensaba eso en realidad”, dijo al describir la sensación de que su hijo estaba solo mientras luchaba por recuperarse.
La recuperación y las secuelas emocionales

Cuando Emi despertó, todavía estaba bajo los efectos de la sedación y tenía dificultades para hablar por las lesiones en la garganta provocadas por los tubos. Aun así, el primer contacto después del coma significó un alivio para Carolina.
“Pero cuando se despertó me dio una esperanza, me sentí mejor. Pude descansar un poco más porque él ya me hablaba”, relató.
El personal médico permitió que ella y el papá de Emi permanecieran más tiempo a su lado durante esa etapa, para evitar que se sintiera solo o asustado.
Con el paso de los días, la evolución del joven le permitió recuperar parte de la tranquilidad. “La verdad que le agradecí a Dios infinitamente hasta el día de hoy, creo que fue un milagro”, sostuvo.
Y recordó la emoción de volver a escucharlo: “Fue lindo volverla escuchar, volverla a que me diga mamá. Fue lindo, me sentí más aliviada”.
La recuperación física no eliminó el impacto psicológico. Después de recibir el alta y regresar a Eldorado, Emi comenzó a asistir a un psicólogo. Carolina explicó que también necesitaba acompañamiento para procesar lo ocurrido.
“Porque por ahí no es lo mismo hablar conmigo porque yo estaba re sencilla hasta ahora”, señaló durante la entrevista, al referirse a la dificultad de hablar con su hijo sobre el accidente mientras ella misma continuaba afectada.
A un año del siniestro, aseguró que todavía le cuesta ver un colectivo sin quebrarse emocionalmente. “Incluso cuando veo al colectivo me largo a llorar”, contó.
Sobre el presente de Emi, describió una recuperación con altibajos. “Y él trata de estar lo mejor que puede, entre todos se le ve bien. Hay días no más que tiene ese recuerdo o ese pensamiento. Pero se trata de evitar la conversación, más que nada por él, por mí, porque somos los más afectados”, explicó.
Un año después, la familia espera respuestas judiciales

En paralelo al proceso de recuperación, la familia inició gestiones legales con un abogado. Según explicó Carolina, Emi firmó un poder para que el profesional pudiera avanzar con el reclamo, aunque hasta el momento no recibieron novedades.
“Acá estamos esperando todavía ninguna novedad después de un año, así que supongo que esto es largo”, manifestó.
La mamá del joven indicó que, según lo que les explicó el abogado, la acción podría dirigirse contra la empresa de transporte, el conductor del automóvil involucrado o las aseguradoras. También señaló que el profesional había advertido sobre posibles limitaciones en la cobertura del seguro del vehículo particular, por lo que evaluaban recurrir al seguro del colectivo.
En cuanto al acompañamiento psicológico, Carolina contó que actualmente recurren a un servicio disponible en Eldorado para continuar con la atención. El proceso sigue siendo importante para afrontar las consecuencias emocionales del accidente, tanto para Emi como para su mamá.
Durante la entrevista, Carolina también aclaró que no tuvo contacto con familiares del conductor del automóvil.
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“Hay muchas vidas” en las rutas
Al cumplirse un año de la tragedia, Carolina dejó un mensaje dirigido a quienes circulan por las rutas y pidió responsabilidad para evitar nuevos siniestros.
“Que cuando anden en rutas, que sean más conscientes, que no consuman alcohol en lo posible, que no anden como locos”, reclamó.
En ese sentido, recordó que las consecuencias de una conducta imprudente al volante no afectan solamente a quien conduce, sino también a otras personas que comparten el camino.
“Hay muchas vidas, no solo la del que está conduciendo así, sino que hay muchas otras personas circulando por esas calles, por esas rutas, que en lo posible traten de evitar el alcohol al volante”, concluyó.
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