Cada 11 de septiembre, Argentina conmemora el Día del Maestro y la Maestra en recuerdo de la muerte de Domingo Faustino Sarmiento, ocurrida el 11 de septiembre de 1888. La fecha fue adoptada en el país en 1945, luego de una resolución de la Conferencia Interamericana de Educación realizada en Panamá en 1943.
Pero la historia de la construcción del sistema educativo argentino no puede reducirse a una sola figura. Junto a Sarmiento participaron mujeres y hombres que impulsaron nuevas ideas pedagógicas y que discutieron qué educación necesitaba una sociedad que atravesaba profundas transformaciones.
Entre esas figuras sobresale Juana Paula Manso, nacida en Buenos Aires el 26 de junio de 1819 y fallecida el 24 de abril de 1875. Fue escritora, periodista, traductora, educadora y una de las primeras mujeres en intervenir activamente en los debates públicos sobre educación, derechos y participación femenina.
Juana Manso, una mujer adelantada a su tiempo
La trayectoria de Juana Manso estuvo marcada desde temprano por los desplazamientos y el exilio de su familia. Durante su juventud vivió en Montevideo, donde en 1841 creó el Ateneo de Señoritas, una experiencia educativa destinada a mujeres en la que se enseñaban materias como aritmética, lectura, gramática, francés, música, dibujo y otras disciplinas.
Su concepción de la educación se diferenciaba de los modelos tradicionales de la época. Manso defendía una enseñanza que tuviera en cuenta las necesidades y el desarrollo de niñas y niños, promoviera la observación y la reflexión y abandonara prácticas disciplinarias basadas en la violencia.
La Biblioteca Nacional de Maestros destaca que su propuesta pedagógica incorporó el buen trato hacia las alumnas y la eliminación de los castigos físicos. También impulsó el juego, el contacto con el aire libre y una enseñanza que otorgara mayor protagonismo a los estudiantes.
En otras palabras, varias discusiones que hoy forman parte de los debates educativos sobre derechos de las infancias, convivencia escolar y prácticas pedagógicas ya aparecían, con sus propias características históricas, en las ideas de Manso durante el siglo XIX.
Su encuentro con Sarmiento y el proyecto de educación pública
En 1859, Juana Manso conoció a Domingo Faustino Sarmiento, a través de José Mármol. A partir de entonces comenzó una relación intelectual y política estrechamente vinculada con la expansión de la educación popular.
Ambos compartieron la defensa de una educación pública y de nuevas metodologías de enseñanza, aunque Manso desarrolló además una mirada propia sobre la situación de las mujeres y su derecho a acceder a la educación y a participar de los espacios de decisión.
Sarmiento reconoció particularmente sus capacidades. De hecho, Argentina.gob.ar señala que mantuvo una estrecha amistad con Manso y que llegó a considerarla la única persona en América Latina que había interpretado su proyecto educativo.
La relación entre ambos resulta fundamental para comprender el período, pero también permite advertir que Juana Manso no fue simplemente una colaboradora de Sarmiento. Desarrolló ideas, proyectos y posiciones propias y ocupó espacios institucionales inéditos para una mujer de su tiempo.

Una educación basada en la observación, la reflexión y el respeto
Uno de los aspectos más importantes del pensamiento de Juana Manso fue su cuestionamiento a las formas tradicionales de enseñanza.
Influenciada por corrientes pedagógicas de su época, entre ellas las ideas de Johann Heinrich Pestalozzi y Friedrich Fröebel, promovió una educación que contemplara las distintas etapas del desarrollo infantil. También defendió el aprendizaje mediante la observación y la reflexión.
Para Manso, el docente no debía limitarse a imponer conocimientos o disciplina. El maestro debía generar condiciones para que los estudiantes pudieran aprender, desarrollar su carácter y participar activamente del proceso educativo.
Su oposición a los castigos físicos constituye uno de los aspectos más significativos de su propuesta. También cuestionó la utilización de premios como mecanismo para moldear la conducta, porque consideraba que ambos extremos podían afectar el desarrollo del carácter.
La defensa de la educación de las mujeres
La educación fue para Manso mucho más que una cuestión pedagógica. También fue una herramienta de igualdad y emancipación.
Durante una época en la que la participación de las mujeres en la vida pública estaba fuertemente limitada, Manso defendió su derecho a acceder al conocimiento, desarrollar sus capacidades intelectuales y participar en los asuntos de la sociedad.
Esa posición la convirtió en una precursora del feminismo en Argentina, Uruguay y Brasil, según la caracterización realizada por organismos educativos nacionales.
Su actividad periodística también estuvo atravesada por esas preocupaciones. En Buenos Aires creó el Álbum de Señoritas, una publicación en la que abordó cuestiones vinculadas con la educación de las mujeres, la literatura, las artes y la vida social.
Su pensamiento quedó sintetizado en una de sus frases más conocidas:
“Y llegará un día en que el código de los pueblos garantizará a la mujer los derechos de su libertad e inteligencia”.
La frase expresa una idea central de su obra: la educación debía ampliar la libertad y las posibilidades de participación social, no limitarse a reproducir los roles establecidos.
La primera directora de una escuela mixta
Uno de los hitos más importantes de su trayectoria educativa se produjo cuando Sarmiento fundó la Escuela Normal Mixta N.º 1 y Juana Manso fue designada directora.
La educación mixta constituía una innovación significativa en el contexto de la época. Manso defendía una escuela pública que no estableciera diferencias educativas entre niñas y niños y que pudiera convertirse en un espacio de formación común.
La Biblioteca Nacional de Maestros señala que trabajó junto con Sarmiento en la construcción de los primeros andamiajes del sistema público educativo y que promovió una educación mixta y plural, con especial preocupación por el acceso de las mujeres tanto a la escolarización como a los espacios de decisión.
Una mujer en espacios de decisión educativa
La participación de Manso no quedó restringida al aula.
En 1869 fue designada vocal del Departamento de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires, convirtiéndose en la primera mujer en ocupar ese cargo. Posteriormente, en 1871, fue incorporada por Nicolás Avellaneda a la Comisión Nacional de Escuelas, donde también fue la primera mujer en integrar ese organismo, según registros de la Biblioteca Nacional de Maestros.
Su presencia institucional fue particularmente significativa porque implicaba disputar un espacio público que estaba prácticamente reservado a los hombres.
Incluso sus posiciones generaron resistencias. En los debates educativos de la época llegó a ser denominada “la maestra insubordinada”, un calificativo que permite dimensionar el carácter disruptivo que tenían sus ideas.

También fue periodista, escritora y autora de textos escolares
La figura de Juana Manso no puede entenderse solamente desde la docencia.
Fue también periodista, escritora y traductora, y utilizó la prensa como una herramienta para intervenir en las discusiones políticas, culturales y educativas de su tiempo.
Uno de sus aportes más relevantes fue el Compendio de la historia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, publicado para su utilización en las escuelas. La Biblioteca Nacional de Maestros lo identifica como el primer compendio de historia argentina destinado al uso escolar.
La obra fue publicada bajo el nombre de “Sra. de Noronha” y tuvo distintas ediciones, que fueron corregidas y ampliadas con el paso de los años. Manso consideraba la enseñanza de la historia patria un elemento fundamental para la formación cívica.
También tuvo un papel destacado en los Anales de la Educación Común, publicación creada por Sarmiento en 1858 para difundir nuevas ideas y planes de enseñanza. Manso llegó a dirigir la revista y contribuyó a la circulación de propuestas pedagógicas innovadoras.
Por qué recuperar a Juana Manso en el Día del Maestro
Recordar a Juana Manso en el Día del Maestro no significa reemplazar la centralidad histórica de Sarmiento en la conmemoración del 11 de septiembre. Significa ampliar la mirada sobre la historia de la educación argentina.
La propia documentación educativa oficial reconoce que los aportes de Manso al sistema público fueron numerosos y que, pese a haber trabajado junto a Sarmiento, no tuvieron durante mucho tiempo el mismo reconocimiento.
Su historia permite mirar la construcción de la escuela pública desde otra perspectiva: la de una mujer que defendió la educación de niñas y niños, cuestionó los castigos físicos, promovió la educación mixta, impulsó nuevas metodologías pedagógicas, escribió materiales escolares y reclamó para las mujeres un lugar activo en la sociedad.
En un Día del Maestro que nació alrededor de la figura de Sarmiento, recuperar a Manso permite recordar también que la historia de la educación argentina fue construida por múltiples protagonistas y que muchas de las discusiones que atraviesan las aulas actuales —el respeto hacia las infancias, la igualdad educativa, la participación de las mujeres y la formación integral— tienen raíces profundas.
Juana Manso murió en Buenos Aires el 24 de abril de 1875, a los 55 años. Su trayectoria, sin embargo, dejó una marca que excedió ampliamente su tiempo: la de una educadora que entendió la enseñanza como una herramienta de transformación social y que se negó a aceptar que el lugar de una mujer estuviera limitado por las convenciones de su época.
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