Este viernes se cumplen 25 años de los atentados que derribaron las Torres Gemelas y dejaron miles de víctimas. Un documental y nuevos testimonios ponen el foco en las consecuencias humanas y sanitarias que todavía afectan a sobrevivientes y trabajadores de emergencia.
A 25 años de los atentados del 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos vuelve a recordar una tragedia que modificó profundamente su historia reciente y tuvo repercusiones políticas, sociales y culturales a nivel mundial.
El ataque fue perpetrado por terroristas de Al Qaeda, organización comandada por Osama Bin Laden. Los integrantes del grupo secuestraron aviones comerciales y estrellaron dos de ellos contra las Torres Gemelas del World Trade Center, en Nueva York, provocando el derrumbe de ambos edificios.
La fecha, conocida desde entonces como 11S, quedó grabada en la memoria colectiva por la magnitud de la destrucción, la cantidad de víctimas y las consecuencias que se extendieron mucho más allá de aquella jornada.
En este aniversario, un nuevo documental propone revisar el atentado desde una perspectiva diferente. “Punto de inflexión: 11-S y la Guerra contra el Terrorismo”, dirigido por Brian Knappenberger, no se concentra únicamente en reconstruir cómo ocurrieron los ataques, sino en analizar qué sucedió después y cómo aquella experiencia transformó a las familias de las víctimas y a la sociedad estadounidense.
La producción aborda distintos períodos y conflictos que atravesaron la historia de Estados Unidos, entre ellos la Guerra Fría, y examina el impacto que tuvo el 11S en las generaciones que crecieron después de la tragedia.
Uno de los ejes está puesto en los hijos y familiares de las personas fallecidas. Algunos eran muy pequeños cuando ocurrieron los atentados y, en consecuencia, no conservan recuerdos directos de aquel día. Su infancia y adolescencia transcurrieron, además, durante la expansión de las redes sociales y de internet, espacios en los que proliferaron teorías conspirativas, desinformación y contenidos falsos vinculados con el 11 de septiembre.
El documental también analiza cómo el temor provocado por los ataques influyó en las decisiones posteriores del Gobierno estadounidense, especialmente en relación con la vigilancia estatal y la lucha contra el terrorismo.
Las secuelas de salud entre los trabajadores
Un cuarto de siglo después, las consecuencias del atentado también permanecen en quienes trabajaron entre los restos del World Trade Center.
Según datos citados por el medio Diario de NY, 4.257 integrantes del Departamento de Bomberos de Nueva York (FDNY) fueron diagnosticados con cáncer, mientras que 12.161 recibieron al menos un diagnóstico por una enfermedad atribuida a la exposición a las toxinas presentes en la zona.
Dentro de ese universo, 4.496 miembros están certificados por al menos una afección de salud mental y 10.562 por una enfermedad física.
Uno de los testimonios recogidos es el de Joe Conzo, quien trabajaba como técnico de emergencias médicas el día de los ataques. Tras exponerse a las sustancias presentes en la Zona Cero, fue diagnosticado con cáncer de hígado en 2019 y posteriormente con cáncer de páncreas, situación que finalmente lo llevó a retirarse.
“Veinticinco años es mucho tiempo, pero no hay un solo día en que no recuerde ese día”, afirmó Conzo. Actualmente se dedica a la fotografía, una actividad que aprendió durante su infancia en El Bronx. Según relató, lleva siete años en remisión.
La situación contrasta con las primeras evaluaciones realizadas tras los atentados. En aquel momento, la Agencia de Protección Ambiental (EPA) sostuvo que, luego de un “riguroso monitoreo”, el agua potable y el aire del Bajo Manhattan eran seguros.
Con el paso del tiempo, sin embargo, numerosos trabajadores que participaron de las tareas de rescate, asistencia y limpieza comenzaron a presentar distintas enfermedades relacionadas con su exposición en el lugar.
Rescatistas entre el polvo y los escombros
Conzo llegó a la Zona Cero después de recibir la noticia de que un avión había impactado contra una de las torres. Junto con un compañero, se dirigió al lugar y encontró una escena marcada por el caos.
Según recordó, miles de personas corrían alejándose del área mientras policías y bomberos avanzaban en sentido contrario. En medio de las tareas de asistencia, ingresó a un edificio y escuchó un ruido que comparó con el de un tren.
Poco después, la estructura se derrumbó. El desplome levantó una enorme nube de polvo y humo que cubrió el Bajo Manhattan y alcanzó a Conzo, quien quedó golpeado por los escombros.
Tras ser retirado del lugar, buscó agua para limpiarse, llamó a su madre y trató de localizar a su compañero para comprobar que estuviera a salvo. Una vez recuperado, permaneció hasta el día siguiente en la Zona Cero, colaborando con los sobrevivientes que eran trasladados a hospitales de Nueva Jersey.
“Perdí a muchos amigos y todavía hay muchos enfermos”, recordó.
Otro de los testimonios corresponde a Izzy Miranda, quien en aquel momento era instructor de la academia de bomberos y posteriormente presidió el sindicato que representa a técnicos de emergencias médicas, paramédicos e inspectores de incendios del Departamento de Bomberos.
Miranda llegó al lugar antes del derrumbe de la primera torre. Desde allí observó una escena que todavía recuerda con claridad: humo, papeles que caían desde los edificios y personas que se arrojaban desde las alturas.
Mientras buscaba sobrevivientes dentro de uno de los edificios, escuchó un sonido similar al de un terremoto. El edificio comenzaba a colapsar y logró alejarse antes de que la estructura terminara de caer.

La nube de polvo, sin embargo, también lo alcanzó. “Parecía como algodón en la boca y no podía respirar”, relató. Se refugió debajo de un camión y utilizó un pañuelo para cubrirse la boca y la nariz, mientras el polvo le provocaba ardor en los ojos.
Con los años, Miranda participó desde el sindicato en los reclamos para conseguir beneficios médicos destinados a los trabajadores afectados. Pero él mismo terminó padeciendo consecuencias de aquella exposición: fue diagnosticado con apnea del sueño debido a problemas en las vías respiratorias y tuvo que someterse a dos operaciones de nariz relacionadas con la exposición a los químicos.
A 25 años del 11S, los testimonios de quienes estuvieron en la Zona Cero muestran que la tragedia no quedó limitada a aquella mañana de septiembre de 2001. Para numerosas familias y trabajadores de emergencia, sus efectos continúan presentes en forma de enfermedades, pérdidas y recuerdos que permanecen vigentes un cuarto de siglo después.



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