Hablar del voto joven ya no parece suficiente para explicar la relación que las nuevas generaciones tienen con la política. Detrás de una eventual decisión electoral aparecen preocupaciones mucho más concretas: conseguir trabajo, poder estudiar, ayudar a sus familias, permanecer en sus localidades o encontrar oportunidades para construir un proyecto de vida.
Así lo planteó Carla Chini, licenciada en Comunicación, analista de opinión y docente de la Universidad de la Integración Sudamericana (UNISUD), durante una entrevista en Radio Up, donde analizó los resultados de un relevamiento sobre las percepciones y expectativas de los jóvenes en Misiones.
Uno de los primeros datos que surge del estudio es la evaluación que hacen de la situación provincial. El 54% tiene una mirada negativa sobre Misiones, mientras que cerca de un 25% la ubica específicamente entre las categorías “mala” y “muy mala”.
La mirada juvenil, sin embargo, no siempre distingue con claridad entre las responsabilidades provinciales y nacionales. Chini explicó que muchas veces resulta difícil para los jóvenes identificar qué medidas corresponden al Gobierno nacional y cuáles tienen impacto directo sobre la provincia.
Sí aparecen, en cambio, aquellas decisiones que sienten de manera más concreta en su economía cotidiana. Entre ellas, la especialista mencionó medidas vinculadas con impuestos y la denominada “aduana paralela”, que algunos jóvenes perciben como mecanismos que pueden aliviar parcialmente el impacto sobre sus ingresos.

El trabajo es la principal preocupación de los jóvenes
Cuando se les pregunta qué temas les preocupan más, las cuestiones laborales aparecen en primer lugar.
La inflación ocupa el segundo lugar, aunque se trata de un problema nacional que muchos jóvenes terminan asociando también con la situación provincial. La inseguridad alcanza el 16%, mientras que los conflictos gremiales también aparecen entre las preocupaciones. Pero detrás de esos números hay una inquietud más amplia: qué posibilidades tendrán para construir su futuro.
Para una generación que está terminando la secundaria o dando sus primeros pasos hacia la vida adulta, estudiar y trabajar dejaron de ser necesariamente decisiones sucesivas. En muchos casos, son dos necesidades que deben convivir.
Chini contó que en localidades como San Vicente encontraron jóvenes que viajan a Brasil durante semanas, e incluso por períodos cercanos a un mes, para trabajar y luego regresar para continuar con sus estudios.
El fenómeno muestra hasta qué punto el empleo condiciona las decisiones de esta generación. La pregunta no es solamente qué quieren hacer, sino también dónde pueden hacerlo y si tienen los recursos para sostenerlo.
Estudiar también implica poder sostenerse
El acceso a la educación superior aparece atravesado por la misma realidad económica.
Los jóvenes manifiestan interés por estudiar y cada vez son más quienes buscan continuar su formación después de la secundaria. Sin embargo, cuando la carrera elegida no está disponible en su localidad, aparecen nuevos obstáculos: trasladarse, pagar alojamiento, transporte y alimentación y, en muchos casos, conseguir un trabajo para poder sostenerse. En ese contexto también aparece la discusión sobre la universidad pública.
Chini observó que algunos jóvenes sostienen que las universidades públicas deben ser auditadas, una idea que ganó espacio a partir del debate nacional impulsado durante el gobierno de Javier Milei. Pero al mismo tiempo, muchos de esos jóvenes necesitan de la universidad pública para poder acceder a una carrera.
La contradicción es evidente: defender el acceso a la educación pública y, simultáneamente, considerar legítima la discusión sobre sus mecanismos de financiamiento y auditoría.
Para la especialista, allí también existe un desafío comunicacional: explicarles cómo funcionan las instituciones y qué consecuencias tienen determinadas decisiones sobre sus propias posibilidades.

La situación de sus familias también condiciona sus expectativas
La incertidumbre no está vinculada únicamente con la situación individual.
Los jóvenes también miran lo que ocurre dentro de sus hogares. Ven padres que perdieron sus empleos, empresas que atraviesan dificultades y actividades económicas que no funcionan como esperaban. Esa realidad termina influyendo sobre sus propias decisiones. Por eso, cuando se consulta cómo imaginan el futuro de Misiones, la incertidumbre aparece como la principal respuesta, con el 47%.
Le siguen el optimismo, con 18%; la esperanza, con 12%; la tristeza, con 8%; y el pesimismo, con 5,6%.
La incertidumbre aparece así como una característica central de esta generación: no necesariamente porque haya abandonado la expectativa de un futuro mejor, sino porque tiene dificultades para saber cómo llegar hasta él.
¿Quedarse en Misiones o buscar oportunidades afuera?
El trabajo y el estudio también abren una discusión sobre el lugar donde los jóvenes quieren construir sus vidas.
Las percepciones sobre los municipios no son necesariamente negativas. Chini explicó que los jóvenes suelen valorar las acciones de los intendentes en sus localidades, aunque reclaman mayores recursos y oportunidades para generar fuentes laborales. El problema aparece cuando esas oportunidades no alcanzan. Entonces surge la posibilidad de trasladarse a Posadas, buscar trabajo en otra localidad o incluso cruzar a Brasil. En ese sentido, la discusión sobre el futuro de los jóvenes también es una discusión sobre el futuro de las comunidades donde viven.
Una provincia que no consiga generar oportunidades para sus jóvenes corre el riesgo de que una parte de esa generación tenga que buscar afuera las condiciones que no encuentra cerca.


Una generación que conoce las marcas políticas, pero no siempre a los dirigentes
La relación con la política también cambió.
Chini señaló que actualmente los públicos están mucho más segmentados y que incluso pueden construirse comunidades políticas con características similares a los fandoms. Esto vuelve más complejo el proceso de comunicación y obliga a los dirigentes a comprender que tener presencia en los medios no significa necesariamente ser reconocido por los jóvenes. La situación es especialmente visible en Misiones.
Según explicó la analista, muchos jóvenes conocen las principales identidades políticas nacionales, pero tienen dificultades para reconocer nombres y figuras de la política provincial.
La Libertad Avanza es un ejemplo de esta situación: la marca política puede resultar conocida, mientras que algunos de sus dirigentes locales todavía no logran instalarse entre los jóvenes.
De cara a 2027, esto representa un desafío para todos los espacios políticos. No alcanza con tener una identidad partidaria reconocida: también es necesario construir conocimiento y vínculo con los electores.
El interés por votar empieza a crecer
Durante los últimos años, el desinterés de los jóvenes por la política fue uno de los diagnósticos más repetidos.
Sin embargo, el relevamiento analizado por Chini muestra una modificación. La intención de participar electoralmente es actualmente mayor que la registrada en 2023 y 2025.
El desinterés continúa presente en un sector de los jóvenes, especialmente en algunos grupos de Posadas, pero ya no representa el mismo escenario que años atrás.
Según explicó la especialista, algunos jóvenes comenzaron a interesarse más a partir de las consecuencias concretas de determinadas políticas. Cuando las decisiones públicas impactan sobre la universidad, el empleo, los ingresos familiares o las posibilidades de estudiar, la política deja de ser algo lejano. Se vuelve parte de la vida cotidiana.
Qué esperan los jóvenes de los candidatos en 2027
De cara a las elecciones de 2027, los jóvenes esperan principalmente cambios, especialmente en materia económica y de conducción política.
La expectativa aparece más vinculada con el escenario nacional que con el provincial, en parte porque existe un mayor conocimiento de las figuras nacionales que de los dirigentes misioneros. Ese desconocimiento puede ser uno de los principales desafíos de la política provincial.
Antes de preguntarles a los jóvenes quién prefieren, quizás sea necesario preguntarles a quién conocen, qué propuestas conocen y qué información tienen para tomar una decisión. La comunicación política, en ese sentido, empieza mucho antes de una elección.


La democracia tampoco aparece entre sus prioridades
Hay otro dato que llamó la atención durante el análisis: la democracia no aparece entre las principales prioridades de los jóvenes.
Para Chini, esta situación resulta preocupante, especialmente desde el punto de vista educativo.
La democracia no se reduce al acto de votar. También implica participar, involucrarse y encontrar espacios donde las nuevas generaciones puedan sentirse representadas.
El desafío parece estar justamente allí. No necesariamente existe un rechazo absoluto a la participación política, pero sí una dificultad para encontrar espacios atractivos y significativos para involucrarse. La militancia tradicional ya no interpela de la misma manera a todos los jóvenes. Las redes sociales, las comunidades digitales y las experiencias personales tienen cada vez más peso en la construcción de sus opiniones.
Una generación que todavía está definiendo qué quiere
Los datos analizados por Carla Chini muestran una juventud atravesada por contradicciones, pero también por expectativas.
Hay jóvenes que quieren estudiar y necesitan trabajar. Hay quienes quieren quedarse en sus localidades pero evalúan irse para conseguir empleo. Hay quienes apoyan determinadas políticas nacionales pero cuestionan sus efectos cuando llegan a sus propias familias. Hay quienes dicen no estar interesados en política y, sin embargo, ahora manifiestan una mayor intención de votar. Más que una generación indiferente, aparece una generación que está buscando certezas. La política forma parte de esa búsqueda, aunque todavía no ocupa necesariamente el lugar central que tuvo para otras generaciones. El dato más importante, quizás, no sea entonces quién ganará el voto joven en 2027, sino qué está buscando ese joven cuando piensa en su futuro.
La respuesta parece bastante concreta: trabajo, educación, oportunidades y la posibilidad de construir una vida sin que la incertidumbre económica determine cada una de sus decisiones.
Y allí estará uno de los grandes desafíos para la política misionera: no solamente conseguir que los jóvenes vayan a votar, sino lograr que encuentren en la participación política una herramienta para discutir y construir el futuro que hoy todavía sienten incierto.
Pruebas PISA: “Nos quedamos con el dato y no investigamos las causas”, advirtió Flavio Buccinohttps://t.co/7GQd6WAikc pic.twitter.com/Yuw6auoP47
— Radio Up (@radioupar) September 9, 2026



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