La meningitis es una inflamación de las membranas que protegen el cerebro y la médula espinal, generalmente provocada por una infección viral o bacteriana. Si bien puede afectar a personas de cualquier edad, los casos más frecuentes se registran en menores de 5 años, especialmente en niños de menos de 2 años y, con mayor incidencia, durante el primer año de vida. La médica infectóloga pediatra María Lola Vozza (M.P. 30.109/7) explicó por qué esta población presenta mayor vulnerabilidad y cuáles son los síntomas que requieren una consulta urgente.
“La meningitis es una enfermedad severa y con elevada mortalidad”, señaló la especialista, quien remarcó que la gravedad no está relacionada únicamente con la cantidad de casos. “Si comparamos la frecuencia de la meningitis bacteriana aguda en el país con respecto a otras enfermedades infecciosas prevalentes, podríamos decir que su frecuencia no es tan elevada, pero lo más importante de esta enfermedad es la gravedad que representa, el impacto, la alta letalidad y las secuelas que puede dejar”.
Entre las causas bacterianas más importantes se encuentran el meningococo, el neumococo y Haemophilus influenzae, microorganismos capaces de provocar cuadros invasivos que requieren atención médica inmediata. También existe la meningitis producida por tuberculosis, menos frecuente pero de especial importancia por la gravedad que puede alcanzar.
En el caso de las meningitis virales, muchas evolucionan favorablemente y desaparecen sin dejar complicaciones. Sin embargo, algunos virus, entre ellos los de la familia herpes, pueden provocar cuadros severos de meningitis o meningoencefalitis.
Por qué los bebés tienen mayor riesgo
La mayor vulnerabilidad durante los primeros meses de vida está relacionada con varios factores. Según Vozza, los bebés atraviesan una etapa en la que ya disminuyó la protección proporcionada por los anticuerpos maternos recibidos durante el embarazo, pero todavía no completaron sus esquemas de vacunación.
A esto se suma que el sistema inmunológico de los lactantes todavía tiene una experiencia limitada frente a los microorganismos que pueden causar infecciones graves.
“Los niños muy pequeños, sobre todo los lactantes menores, se encuentran en una situación en la que ya han perdido de alguna manera la protección relativa que le otorgan los anticuerpos maternos transferidos a través de la placenta, en un momento en el que todavía no han alcanzado a completar sus esquemas de vacunación”, explicó la especialista.
La detección también puede resultar más compleja. Los síntomas clásicos, como el dolor de cabeza o la rigidez de nuca, pueden no aparecer de manera evidente en los bebés. Esto puede retrasar la consulta y, por lo tanto, el inicio del tratamiento.
Fiebre, irritabilidad y decaimiento: cuándo acudir a una guardia
En niños mayores, algunos de los síntomas que pueden orientar hacia una meningitis son fiebre, dolor de cabeza intenso, vómitos, rigidez o dolor de nuca, somnolencia marcada, irritabilidad, fotofobia y convulsiones.
En los lactantes, en cambio, los signos pueden ser diferentes y menos específicos. Los padres deben prestar especial atención al rechazo del alimento, irritabilidad, decaimiento, llanto persistente o un bebé que no se despierta para alimentarse como lo hace habitualmente, especialmente cuando estos síntomas aparecen junto con fiebre.
Otro signo que requiere atención inmediata es la aparición de manchas rojas o rojo violáceas en la piel que no desaparecen al presionarlas. Este cuadro puede estar asociado a una infección meningocócica y evolucionar rápidamente.
“El meningococo es una de las bacterias que causa meningitis, pero también puede producir una enfermedad diseminada y generalizada muy severa, con la presentación de este signo como una característica particular y con la posibilidad de progresar rápidamente en pocas horas y comprometer seriamente la vida del paciente”, advirtió Vozza.
Por este motivo, ante fiebre acompañada de alteraciones del estado de conciencia, deterioro general, cambios en la coloración de la piel o lesiones que no desaparecen a la presión, se recomienda acudir inmediatamente a una guardia pediátrica.
Cómo se confirma una meningitis
El diagnóstico hospitalario requiere diferentes estudios y, cuando está indicado, una punción lumbar, procedimiento mediante el cual se obtiene líquido cefalorraquídeo para detectar signos de inflamación e intentar determinar qué microorganismo provocó la infección.
Además de los cultivos microbiológicos tradicionales, actualmente existen métodos de biología molecular que permiten identificar con mayor rapidez algunos virus y bacterias responsables del cuadro.
“El diagnóstico temprano es fundamental, ya que no sólo es clave para el tratamiento adecuado de la enfermedad, sino que también nos permite aplicar medidas preventivas en los contactos con riesgo de contagio, como antibióticos y/o vacunas según el caso”, manifestó la especialista.
Las posibles secuelas después de la enfermedad
La meningitis puede dejar consecuencias incluso en pacientes que logran superar la infección. Según Vozza, uno de cada cinco sobrevivientes puede presentar algún tipo de secuela.
Entre las más frecuentes aparecen pérdida de audición, alteraciones visuales y trastornos neurológicos, que pueden afectar el desarrollo, el aprendizaje, la movilidad o provocar convulsiones.
También pueden aparecer consecuencias conductuales y emocionales. La especialista mencionó posibles problemas de atención e hiperactividad, dificultades en la comunicación, fatiga y estados depresivos, por lo que algunos pacientes necesitan seguimiento prolongado.
Vacunación, una de las principales herramientas de prevención
La prevención ocupa un lugar central frente a las formas bacterianas de la enfermedad. En Argentina, el Calendario Nacional de Vacunación contempla vacunas contra Haemophilus influenzae tipo b, neumococo y meningococo.
“Afortunadamente, el Calendario Nacional de Vacunación de Argentina incluye la vacuna que protege contra haemophilus influenzae tipo b, una vacuna que protege contra 20 serotipos de neumococo y una vacuna que protege contra cuatro de los cinco tipos más frecuentes de meningococo”, explicó Vozza.
La vacuna incluida en el calendario contra meningococo protege frente a los serogrupos A, C, Y y W135. Además, existe una vacuna contra el meningococo B, que puede administrarse de manera adicional.
“Si bien la meningitis es una enfermedad severa y con elevada mortalidad, contamos con dos herramientas fundamentales para prevenirla y evitar o disminuir sus consecuencias graves: en primer lugar la vacunación como pilar fundamental de prevención, y en segundo lugar la posibilidad de brindar información adecuada a los padres para que conozcan los signos o síntomas de alerta ante los cuales consultar”, sostuvo la médica.
Los esquemas de vacunación contemplan dos o tres dosis durante los primeros seis meses de vida, según la vacuna, y una dosis de refuerzo después del año. En el caso de la vacuna MenACWY, también se contempla una dosis durante la adolescencia.
La meningitis continúa siendo una enfermedad potencialmente mortal. La especialista señaló que entre el 16% y el 17% de los pacientes que la padecen pueden fallecer, incluso con tratamiento antimicrobiano adecuado. Por eso, completar las vacunas correspondientes y reconocer rápidamente los síntomas constituyen medidas fundamentales para reducir sus consecuencias.



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