El endeudamiento entre los jóvenes de barrios populares crece de manera acelerada en un contexto de caída real de los salarios y un desempleo que se acerca a los máximos de los últimos cinco años. Según una encuesta realizada por el Instituto Universitario CIAS, el 75% de los jóvenes menores de 29 años considera que su situación económica empeoró en el último año, mientras que el 60% afirmó haber tenido que reducir consumos, especialmente de alimentos, y la mayoría recurre a préstamos informales para afrontar los gastos cotidianos.
La economía argentina experimentó una recuperación del 4,4% desde la recesión de 2024, aunque ese crecimiento no logró reactivar el empleo formal ni recomponer el mercado laboral. Los sectores que impulsaron la mejora no son intensivos en mano de obra, mientras que los rubros que más empleo destruyeron fueron los que más cayeron, lo que derivó en un aumento del desempleo del 2,2% entre el último cuatrimestre de 2023 y el mismo período de 2025. La informalidad y el cuentapropismo también crecieron 2,8 puntos porcentuales, según datos oficiales del INDEC.
El impacto en los jóvenes
Esta dinámica golpeó con mayor dureza a los jóvenes menores de 29 años, que en ese período vieron aumentar su desocupación del 13,2% al 16,6%. Además, el 57,6% de los ocupados de ese segmento etario trabaja en condiciones de informalidad, lo que refleja una inserción laboral precaria y con escasa protección social.
Los ingresos familiares continúan en retroceso tras las sucesivas caídas observadas desde septiembre de 2025, y los costos fijos no dejan de aumentar. Los ingresos disponibles de los empleados registrados cayeron un 2,1% en mayo y un 5,1% interanual, y se ubican un 16,5% por debajo del promedio de enero a septiembre de 2023. Los asalariados formales privados perdieron un 3% de poder adquisitivo en el mes y acumulan una baja del 3,3% interanual, mientras que los empleados públicos sufrieron una caída más leve en el mes (-1,3%), pero en el último año sus ingresos se retrajeron un 10,1%.
El peso de la deuda
Ante este panorama, el 60% de los jóvenes encuestados por el CIAS reconoció que su hogar realizó algún tipo de ajuste económico. De ese universo, cuatro de cada diez tuvo que recortar el consumo de alimentos, un 18% ajustó en ropa o calzado, un 17% en recreación y un 14% en servicios como luz, gas o telefonía.
Entre los hogares que recurren al endeudamiento para afrontar gastos corrientes, el 57% declaró haber pedido dinero prestado o tomado un crédito para cubrir necesidades cotidianas, sin incluir compras de materiales o electrodomésticos. La modalidad predominante fue la informal: un 68% acudió a familiares o amigos, un 39% a prestamistas del barrio y un 19% a comercios de la zona. Los créditos con prestamistas suelen tener dinámicas diferentes, ya que el incumplimiento puede derivar en distintas formas de presión para cobrar.
El circuito formal, en cambio, tuvo una participación reducida: apenas el 6% del universo accedió a créditos bancarios, aunque las aplicaciones o billeteras virtuales tuvieron mayor representación que las tarjetas de crédito (21% frente a 18%). Esto refleja el alto nivel de informalidad laboral de estos segmentos etarios y el mayor costo que implican las entidades no financieras.
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La crisis económica y la falta de empleo formal empujan a los jóvenes de barrios populares a un endeudamiento creciente y mayoritariamente informal, en un contexto donde el ajuste recae sobre los consumos básicos y la alimentación, profundizando las desigualdades y las dificultades para proyectar un futuro con estabilidad.



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