En una entrevista realizada en el programa Arriba la Radio, el filósofo Eduardo Cazenave propuso una reflexión profunda sobre la fe, alejándose de definiciones abstractas y llevándola al terreno de la vida cotidiana. Con ejemplos simples, cuestionó la idea de que creer es exclusivo de lo religioso y aseguró que la fe atraviesa toda la experiencia humana.
La fe como base de la vida cotidiana
Cazenave planteó que la fe no es solamente una cuestión religiosa, sino una forma básica de conocimiento. “El noventa y pico por ciento de las cosas que sabemos, en realidad las creemos”, explicó, al señalar que gran parte de lo que damos por cierto se apoya en la confianza en otros.
Desde datos personales, como la fecha de nacimiento, hasta hechos históricos, todo se sostiene en testimonios y documentos en los que confiamos. En ese sentido, sostuvo que la fe es inseparable de la vida diaria: “No podemos vivir si no creemos”.
Diferencias entre creer y la fe religiosa
El filósofo distinguió entre esa fe cotidiana y la fe religiosa, a la que definió como un “salto cualitativo”. Mientras la primera se basa en la confianza racional, la segunda implica una decisión más profunda: apostar por algo que no se puede demostrar completamente.
En ese punto, explicó que la fe religiosa supone confiar en una dimensión superior —llámese Dios, naturaleza o fuerza cósmica— que ordena la realidad. Sin embargo, aclaró que la forma de interpretar esa fuerza es personal y no puede imponerse.
La fe como elección personal
Uno de los ejes centrales de la charla fue la idea de que la fe se construye con el tiempo. Si bien puede tener un origen en la familia o en la educación, en la adultez se convierte en una decisión propia.
Cazenave sostuvo que atravesar dudas y crisis es parte del proceso: “La fe siempre tiene un campo de duda. No estoy seguro, pero me la juego”. Comparó este proceso con otros vínculos humanos, como el amor, donde también existen momentos de incertidumbre.

Una mirada crítica sobre la Iglesia
El filósofo también abordó el rol de la Iglesia, diferenciando entre la institución y las personas que la integran. Afirmó que la Iglesia es “tan imperfecta como humana”, aunque reconoció que dentro de ella conviven experiencias valiosas.
Además, consideró que debe adaptarse a los tiempos actuales, ya que en muchos lugares ha perdido cercanía con la gente. En esa línea, advirtió que la falta de actualización puede llevar a su vaciamiento.
Religión, poder y sociedad
Consultado sobre el uso de la religión en contextos políticos, Cazenave fue claro: la fe no debe ser utilizada como herramienta de poder. Señaló que, históricamente, muchas veces se mezclaron intereses religiosos con económicos o políticos, lo que generó conflictos.
Por eso, defendió la importancia de mantener una separación entre religión y política, y remarcó que la fe es una decisión individual que no puede imponerse.
El sentido profundo de las prácticas religiosas
Finalmente, se refirió a prácticas tradicionales como el ayuno o la abstinencia, relativizando su importancia frente a acciones concretas. “Es mucho más valioso un gesto de caridad que no comer carne”, afirmó.

En ese sentido, resumió su visión en una idea central: la fe no pasa por cumplir reglas, sino por vivir desde el amor y la empatía.
Una fe entendida como experiencia
A lo largo de la entrevista, Cazenave dejó una definición clara: la fe es tanto una forma de conocimiento como una experiencia personal. No se limita a lo religioso ni a lo racional, sino que atraviesa la vida entera.
“Dios te ama y te tiende la mano”, concluyó, sintetizando una mirada que pone el foco no en las normas, sino en el vínculo y la confianza.



//



