El mercado laboral argentino atraviesa una de sus etapas más complejas de los últimos años, con indicadores que reflejan un deterioro sostenido en las condiciones de trabajo, el poder adquisitivo y la calidad del empleo. El cierre de empresas, la desaceleración económica y la pérdida de ingresos reales configuran un escenario que golpea con mayor fuerza a jóvenes, trabajadores informales y sectores de menor calificación.
Presión creciente sobre el mercado laboral y señales de desaliento
En los últimos meses, la dinámica del empleo mostró signos claros de debilitamiento, con despidos en sectores clave, menor generación de puestos formales y un aumento de la incertidumbre económica. Aunque la tasa de empleo se mantiene en torno al 48,6%, este dato debe leerse con cautela: una parte significativa de la población dejó de buscar trabajo, lo que reduce artificialmente el impacto estadístico del desempleo.
En paralelo, la tasa de desocupación alcanzó el 7,5% entre fines de 2025 y comienzos de 2026, consolidando una tendencia ascendente que refleja la dificultad estructural para absorber mano de obra. Este fenómeno no solo evidencia una menor actividad económica, sino también un mercado laboral con menor capacidad de inclusión y creciente fragilidad.
Salarios rezagados y pérdida del poder adquisitivo
Uno de los aspectos más críticos es el desfasaje entre ingresos y costo de vida. En marzo de 2025, el salario promedio formal quedó muy por debajo de la canasta básica, que superaba los $770.000, profundizando la pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores.
Este deterioro impacta directamente en la calidad de vida y explica, en gran medida, el avance del empleo informal, donde casi el 50% de los trabajadores se desempeña sin aportes jubilatorios, cobertura de salud ni estabilidad contractual. A su vez, se expande la subocupación, con personas que trabajan menos de 35 horas semanales pero necesitan ampliar su jornada para cubrir necesidades básicas.
En este contexto, tener empleo ya no garantiza salir de la pobreza, consolidando el fenómeno de los trabajadores pobres, cada vez más extendido en el país.

Jóvenes y trabajadores vulnerables, en el centro de la crisis
El impacto de la crisis no es homogéneo. Cerca del 23% de la población económicamente activa enfrenta problemas de inserción laboral, ya sea por desempleo abierto, subocupación o necesidad de complementar ingresos.
Dentro de este universo, alrededor de 3,7 millones de personas tienen empleo pero buscan otro o más horas de trabajo, reflejando la insuficiencia de los ingresos actuales. La situación es particularmente crítica entre jóvenes de 14 a 29 años, quienes presentan mayores niveles de informalidad, empleos inestables y alta rotación.
Esta realidad no solo afecta el presente, sino que condiciona el futuro: las trayectorias laborales fragmentadas impactan en la continuidad educativa, la capacitación y las posibilidades de desarrollo profesional, profundizando desigualdades estructurales difíciles de revertir.
Desajuste entre oferta y demanda: una brecha que se amplía
El mercado laboral argentino también enfrenta un problema estructural de desajuste entre las habilidades disponibles y las demandas del sistema productivo. Mientras sectores dinámicos requieren perfiles técnicos y tecnológicos, gran parte de la oferta laboral continúa concentrándose en tareas operativas de baja calificación.
En particular, crece la demanda en áreas vinculadas a la economía del conocimiento, como gestión de chatbots, inteligencia artificial, programación y herramientas digitales, donde escasean perfiles capacitados. En contraste, existe una sobreoferta de trabajadores para empleos tradicionales, lo que intensifica la competencia y presiona a la baja los salarios.
Este desbalance evidencia la necesidad de políticas de formación y reconversión laboral, orientadas a reducir la brecha de habilidades y mejorar la empleabilidad en sectores estratégicos.

Un escenario de informalidad persistente y fragmentación social
La combinación de desempleo, salarios insuficientes, subocupación y brecha de capacidades consolida un mercado laboral fragmentado, con altos niveles de informalidad y creciente desigualdad.
En este escenario, la economía argentina enfrenta un desafío central: reconstruir el empleo formal y de calidad, al tiempo que se promueve la capacitación en nuevas tecnologías y se fortalecen los mecanismos de protección social.
Sin medidas integrales que aborden tanto la generación de empleo como la mejora de ingresos y la formación laboral, la crisis podría profundizarse, afectando no solo el desempeño económico, sino también la cohesión social y las oportunidades de desarrollo a largo plazo.
Discriminación laboral por edad: el desafío de conseguir empleo después de los 50https://t.co/1SpbGMgCiS pic.twitter.com/kZoxh8fLLO
— Radio Up 95.5 (@radioup955) March 23, 2026



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