El panorama internacional atraviesa horas críticas tras los acontecimientos iniciados el pasado sábado. La confirmación de la muerte del Ayatola y su hijo en un bombardeo estratégico perpetrado por Israel y Estados Unidos ha sumergido a Irán en una crisis de sucesión y respuesta militar que mantiene en vilo a las potencias de la OTAN y a sus aliados.
Este escenario no es fruto del azar, sino de una degradación histórica de las relaciones diplomáticas. Según explicó el analista Matías Lezcano en diálogo con La Última Rosca por Radio Up, para entender el presente hay que remontarse al siglo XX. "Irán comenzó como un protectorado británico y tuvo una etapa prooccidental con el Shah Pahlavi, donde incluso Irán e Israel eran aliados estratégicos", señaló el especialista.
Sin embargo, la Revolución de 1979 liderada por Ruhola Jomeini cambió el paradigma, instaurando una teocracia que rompió lazos con Occidente y comenzó a financiar estructuras como Hezbolá y los rebeldes hutíes. Lezcano subrayó una distinción cultural clave: "Está mal decir que los iraníes son musulmanes en su mayoría; su raíz es la cultura farsi y su religión originaria es el zoroastrismo, una de las más antiguas y pacíficas del mundo".
La situación actual tras el ataque es de una incertidumbre total. Aunque el gobierno estadounidense insta a la población local a rebelarse, Lezcano advirtió sobre la dificultad de una insurrección popular inmediata: "Es complicado pedirle a una población que vivió aterrorizada por 50 años que logre una revolución en pocos días cuando el régimen encarcela y asesina ante cualquier protesta".

En términos estratégicos, el analista sostiene que el movimiento de Estados Unidos estuvo fríamente calculado, utilizando a Israel como brazo ejecutor mientras movilizaba tropas a la zona. La respuesta iraní ya ha comenzado con ataques de drones en embajadas y amenazas a aliados regionales como Arabia Saudita y Emiratos Árabes, lo que podría escalar el conflicto a niveles impensados.
El factor económico juega un rol determinante en esta guerra. Al ser Irán una de las mayores reservas de petróleo del mundo, el bloqueo de sus rutas comerciales dispara el valor del crudo. "La guerra es un negocio y hay mucha gente que lucra con el precio alto del petróleo. Se especula con que el barril pueda llegar a cifras astronómicas antes de un contraataque definitivo", afirmó Lezcano.
Por otro lado, la irrupción de China como actor solidario con Irán añade una capa de complejidad geopolítica. Siendo la tercera potencia en inversión militar mundial, su respaldo al régimen persa equilibra la balanza frente a la capacidad bélica de la coalición occidental, transformando un conflicto regional en una posible disputa global por la hegemonía y los recursos.
Finalmente, el impacto en Argentina es motivo de preocupación. La alineación directa del actual gobierno con las políticas de Donald Trump posiciona al país como un aliado estratégico, lo que Lezcano define como un "arma de doble filo". Esta postura expone a la nación a ser un objetivo colateral, considerando la pobre capacidad de defensa actual y los antecedentes de atentados sufridos en la década de los 90.
A pesar del riesgo, existe una mínima ventana de oportunidad económica vinculada a la energía. Si el conflicto persiste y los precios suben, el potencial de Vaca Muerta cobra relevancia. No obstante, el analista aclaró que la industria nacional aún está en fase de potencial de producción y requeriría inversiones masivas para transformar esta crisis externa en un beneficio real para la autonomía energética del país.
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