La crisis en Fate se convirtió en uno de los conflictos laborales e industriales más fuertes del inicio de 2026. Con despidos masivos, una planta paralizada y cientos de familias en vilo, trabajadores mantienen una permanencia pacífica mientras esperan respuestas de la empresa y del Gobierno.
En diálogo con el programa Arriba la Radio por Radio Up, Alejandro Assumma, delegado del Sindicato Único de Trabajadores del Neumático Argentino (Sutna) en Fate, describió el impacto social y productivo de la decisión empresaria.
“Hace 21 años que trabajo en la empresa y estoy despedido. Tengo el telegrama en la mano”, afirmó Assumma, de 49 años, al relatar cómo se enteró de su desvinculación el pasado 18 de febrero.
Según explicó el delegado sindical, el cierre sorprendió incluso a quienes estaban dentro de la planta. “No había indicios de esto. La fábrica estaba en una parada programada por vacaciones y mantenimiento. En enero estábamos produciendo 5.500 cubiertas diarias”, detalló.

Fate, una planta con más de 80 años de historias
La planta, con 86 años de historia en la Argentina, es considerada un símbolo de la industria nacional. Desde allí nació un importante holding empresario vinculado a la familia Madanes Quintanilla, con ramificaciones en sectores como el aluminio y la energía.
“Es una fábrica que tiene historia. En los años 80 su marca estaba en las camisetas de Boca y River. No es una empresa marginal. Es parte del desarrollo industrial argentino”, subrayó Assumma.
El conflicto no solo expone la crisis de una empresa, sino también el drama de la reinserción laboral en un contexto económico recesivo.
“Tengo 49 años. Conseguir trabajo formal hoy es muy difícil. Muchos compañeros aceptaron el retiro voluntario e invirtieron en aplicaciones, compraron autos para trabajar o venden productos. Es un circuito que termina destruyendo todo”, lamentó.
El temor se profundiza ante la duda sobre el pago de indemnizaciones. “La empresa dijo que las pagaría, pero todavía no hay certezas concretas”, señaló.
Mientras rige la conciliación obligatoria, la situación se retrotrae al día previo a los despidos, lo que obliga a la empresa a abonar los salarios durante ese período. Sin embargo, el interrogante central es qué ocurrirá una vez finalizado ese plazo.

Uno de los ejes del planteo sindical es la creciente importación de neumáticos, principalmente de origen asiático.
“Hay cubiertas chinas por todos lados. Antes se decía que entraban por el norte; ahora llegan en barcos y están en cualquier gomería del Gran Buenos Aires”, describió Assumma.
El delegado fue contundente: “Nosotros trabajamos con controles de calidad muy rigurosos. La cubierta que producimos da seguridad. Yo no le pondría una cubierta china a mi auto porque está en riesgo mi familia”.
Para los trabajadores, la falta de protección a la industria nacional agrava la situación. “Tenemos que cuidar la producción argentina. Esto se está destruyendo por todos lados”, advirtió.
Consultado sobre la intervención del Estado, Assumma sostuvo que existen instancias de diálogo abiertas tanto con Nación como con la Provincia de Buenos Aires, aunque cuestionó la postura empresaria.
“En una audiencia, desde la Provincia preguntaron qué necesitaba la empresa para seguir produciendo. No hubo respuesta”, afirmó.
Además, deslizó sospechas sobre la coincidencia de fechas vinculadas a medidas arancelarias en el sector del aluminio, otro rubro del holding empresario. “Son situaciones que llaman la atención. No tenemos certezas, pero todo indica que el conflicto puede exceder al neumático”, expresó.
Mientras tanto, los trabajadores sostienen una permanencia pacífica en la planta, con rotación por turnos y acompañamiento de distintos sectores.
“Estamos acampando, organizándonos. Es algo nuevo para nosotros”, explicó.
El respaldo social se hizo visible en un festival solidario que, según el sindicato, reunió a cerca de 20.000 personas. También vecinos se acercaron con donaciones y alimentos.
“Vino un vecino que tiene un emprendimiento y nos trajo cajas de pizzetas. Ese gesto te demuestra que esto no es solo un conflicto gremial, es un problema social”, relató.
La crisis en Fate abre un debate más amplio sobre el rumbo de la política industrial, la competencia importada, el rol del Estado y la sustentabilidad del empleo formal en la Argentina.
“Alguna salida tiene que haber. Esta fábrica tiene mercado, tiene historia y tiene trabajadores capacitados. Lo que pedimos es una perspectiva productiva a futuro”, concluyó Assumma en Arriba la Radio.
Con cientos de familias afectadas y un sector estratégico en tensión, el desenlace del conflicto marcará un precedente para el entramado industrial argentino en 2026.
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