El Instituto Superior de Turismo Comunitario Indígena Raúl Karaí Correa alcanzó este año un hito educativo sin precedentes: la formación de los primeros técnicos en Turismo con orientación en Turismo Comunitario Indígena, una propuesta única en la provincia y también en el país, concebida desde la propia cosmovisión del Pueblo Mbya Guaraní y articulada bajo el marco de la Educación Intercultural Bilingüe.
Su directora, Viviana Bacigalupo, confirmó, en diálogo con Radio Up, que la primera cohorte está integrada por seis estudiantes Mbya que ya finalizaron el cursado y que completarán los últimos exámenes a lo largo del año. Con ellos, se abre una puerta histórica para que jóvenes de distintas comunidades cuenten con una oferta académica propia, respetuosa de su cultura y orientada al desarrollo de sus territorios.
Una demanda que nació desde las comunidades
La carrera no fue una apuesta improvisada. Bacigalupo explica que la iniciativa surgió luego de años de trabajo territorial vinculados al Proyecto MATE, que acompañó procesos turísticos dentro de las comunidades de Iguazú. En un contexto donde el turismo tradicional crece a un ritmo acelerado, el turismo comunitario indígena se convirtió en una alternativa que genera cada vez más interés, especialmente entre quienes buscan experiencias auténticas y un contacto genuino con la cultura guaraní.
Para la directora, era fundamental que esta actividad quedara “en manos de los propios indígenas”, ya que solo ellos pueden transmitir con legitimidad el valor simbólico de la selva, la relación espiritual con la tierra y la complejidad de su patrimonio cultural. La tecnicatura llegó para profesionalizar un campo en expansión y garantizar que el desarrollo sea autogestionado, sostenible y culturalmente respetuoso.

Un campo laboral más amplio que el comunitario
La formación no se limita al turismo indígena. Bacigalupo destaca que el título habilita a los egresados a trabajar en agencias de turismo, en propuestas públicas y privadas, en emprendimientos comunitarios y en la gestión de experiencias orientadas al visitante. La tecnicatura incorpora contenidos de administración, organización, comunicación, diseño de productos turísticos y marketing, áreas en las que muchos emprendimientos venían avanzando de manera intuitiva.
Los estudiantes provienen de aproximadamente diez comunidades Mbya. Algunas ya cuentan con proyectos turísticos consolidados, y otras comenzando a transitar sus primeras experiencias y encuentran en la formación una herramienta clave para crecer y competir en un mercado cada vez más exigente.
Una interculturalidad real, desafiante y cotidiana
La directora enfatiza que uno de los desafíos centrales es de orden socioeconómico. Muchos estudiantes son jóvenes madres o padres, y las dificultades económicas para vivir en Iguazú durante la semana afectan la continuidad de sus estudios. La crisis económica nacional profundizó este panorama, generando deserciones entre quienes se trasladan desde comunidades alejadas.
En el plano pedagógico, la interculturalidad es otro desafío permanente. Bacigalupo remarca que no es un concepto romántico ni abstracto, sino un espacio real donde se encuentran dos culturas con códigos distintos, donde pueden surgir tensiones, ajustes y aprendizajes constantes. La clave, asegura, está en un plantel docente con sensibilidad humana, empatía, humildad, capacidad de escucha y vocación de diálogo permanente.

Diez comunidades y una misma búsqueda: formarse para crecer
Las comunidades que conforman esta primera etapa del instituto se encuentran en distintos niveles de desarrollo turístico. Algunas, especialmente las ubicadas en Iguazú, ya reciben visitantes desde hace años. Otras están iniciando procesos internos para decidir si desean abrir su territorio al turismo y de qué manera hacerlo. Bacigalupo subraya que cada comunidad tiene derecho a elegir, y no todas están interesadas en ofrecer experiencias turísticas, decisión que considera totalmente válida.
Lo que sí coincide es la valoración del instituto como un espacio propio y necesario. Por primera vez, los jóvenes tienen acceso a una formación diseñada desde su cosmovisión Mbya, con contenidos que integran saberes académicos y conocimientos ancestrales con igual legitimidad.
La necesidad de un marco regulatorio para el turismo indígena
El auge del turismo indígena en Misiones también trajo un nuevo desafío: la necesidad urgente de una reglamentación específica. Bacigalupo sostiene que es imprescindible contar con una normativa que establezca quiénes pueden ofrecer turismo indígena, bajo qué condiciones, con qué pautas culturales y qué actores deben estar involucrados.
Sin regulación, explica, existe el riesgo de que grandes empresas turísticas se apropien del segmento indígena como una oportunidad comercial, sin garantizar la participación real de las comunidades ni el respeto por su patrimonio. El instituto busca justamente fortalecer la autonomía Mbya y evitar que la actividad sea explotada sin consentimiento o sin beneficios para los pueblos originarios.
Títulos intermedios y capacitaciones itinerantes
La tecnicatura tiene una duración de tres años, pero ofrece dos certificaciones intermedias que permiten una rápida inserción laboral: Intérprete del Patrimonio Natural y Cultural, al finalizar el primer año, y Gestor de Turismo Comunitario Indígena, al aprobar el segundo. Estos títulos intermedios responden a las demandas concretas de los emprendimientos que ya están funcionando en la provincia.
Además, el instituto creó un Programa de Capacitaciones Itinerantes compuesto por módulos interrelacionados que se dictan directamente en las comunidades Mbya. Son formaciones de extensión significativa, capaces de generar transformaciones reales en la organización, atención al visitante, comunicación o diseño de experiencias.
El crecimiento del turismo indígena en Misiones anticipa nuevas necesidades formativas. Bacigalupo proyecta que, en algunos años, podría incluso existir una saturación de técnicos, lo que abrirá la puerta a nuevas tecnicaturas, especializaciones y programas avanzados. El objetivo es que las oportunidades académicas sigan ampliándose de forma orgánica, siempre desde un enfoque intercultural y con participación directa de las comunidades.

Un logro histórico para el Pueblo Mbya y una apuesta al futuro
Esta primera promoción de técnicos representa mucho más que un logro académico. Marca el inicio de un proceso que busca consolidar un turismo sostenible, humano, auténtico y culturalmente justo, donde la experiencia del visitante se construya desde el respeto y el encuentro con una cultura viva.
Bacigalupo lo resume con claridad: el instituto no solo llena un vacío educativo, sino que habilita un camino para que el Pueblo Mbya Guaraní fortalezca su autogestión, valorice su patrimonio, mejore la calidad de vida de las familias y sitúe al turismo como una herramienta para el desarrollo comunitario con identidad.
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