La entrenadora nacional y jueza internacional de gimnasia aeróbica, Rossana Gutiérrez, presenta este martes 2 de diciembre a las 20 la gala anual del Instituto RG en el Auditorio Montoya. Balance del año, emociones, sacrificios y el día en que estuvo a punto de abandonar su carrera.
La gala será mucho más que un espectáculo: será el resumen de un año marcado por viajes, desafíos, preparación internacional y decisiones personales intensas. Así lo expresó Rossana Gutiérrez, entrenadora nacional, jueza internacional y fundadora de la Asociación Civil Deportiva “RG”.

Durante la entrevista en "Arriba la radio", por Radio Up, Gutiérrez describió el 2024 como un período de enorme exigencia técnica y personal. “Realmente fue un año bastante movido… intenso, intenso”, afirmó. El ritmo se vio marcado por el curso internacional de jueces en Panamá, la llegada a Posadas del coreógrafo y gimnasta número uno del mundo, Daniel Bali, y la preparación de nuevas rutinas de nivel mundial.
“El 10 de enero lo trajimos a Daniel para montar las coreos para lo que sería el mundial del próximo año”, explicó.

Un grupo que creció con disciplina y fe
La gala de este martes 2 mostrará el resultado del trabajo con delegaciones de Posadas, Oberá y Santa Helena (Garupá). Gutiérrez destacó cómo cada año define una temática con mensaje. En esta edición, presentarán una versión de “El Gato con Botas: El último deseo”, con foco en valorar la vida y lo que ya se tiene.
“Todos queremos más y más… y no nos damos cuenta de lo que tenemos realmente”, reflexionó. “Para mí, el personaje principal es el perrito, porque a todo le ve el lado positivo”.
Cada grupo representará un personaje, con un despliegue escénico sostenido por un equipo amplio, que incluye a Víctor Pedotti (Víctor Glam) como diseñador y a Giuliana Martino como coreógrafa.

Un espacio construido con sacrificio: de limpiar pisos a formar campeonas
Rossana también recordó sus comienzos: “Yo trabajé muchos años en el Club Unión… Empecé en la escuela Fraternidad y mi papá me fabricó un escurridor que se partía en cuatro y entraba en la mochila. Yo venía de Miguel Lanús, limpiaba el Unión, daba mi clase y tenía que volver a limpiar”.
La cuota era de dos pesos. “Fue remar contra la corriente”, dijo. Hoy, tras 35 años de trabajo, exalumnas vuelven a decirle “yo fui tu alumna”, un gesto que considera invaluable.

El día en que casi dejó todo
Una de las revelaciones más profundas de la entrevista fue cuando recordó el instante en que sintió que ya no disfrutaba la gimnasia. “Una vez dije que el día que yo deje de disfrutar de esto iba a dar el paso al costado… y ese día llegó”, contó que le dijo a una colega. El sufrimiento surgía al acompañar a su hija Abril, gimnasta de elite.
La colega le respondió: “¿Y de qué lado lo vas a sufrir más? ¿Como mamá o como entrenadora?”.Y ese fue el punto de inflexión: “Ahí fue un golpe bajo… y entendí que tenía que seguir”.
La separación entre madre y entrenadora es, según dijo, una de las tareas más difíciles: “Ella lograba un resultado y yo no podía acercarme a un abrazo de mamá. Mi abrazo tenía que ser de entrenadora”.
La fe también forma parte del proceso: “Siempre oro. Siempre. Soy una hija de Cristo”.



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