La defensa de El Montecito de Villa Cabello volvió a poner en discusión qué modelo de ciudad y de acceso al río se construye en Posadas. Integrantes de la Asamblea de Vecinos en Defensa del Montecito, que luego derivó en la asociación civil Monte y Río, lograron que la Municipalidad paralice las obras que avanzaba el Club Náutico Pira Pytá para construir una bajada de lanchas en plena área protegida, dentro de la reserva urbana ambiental ya reconocida como tal.
En una entrevista en el programa Argentina Divina Comedia por Radio UP, Nahuel, integrante de la asamblea vecinal que acompaña la causa desde el inicio, detalló el origen del conflicto, el estado actual de la obra y los desafíos que quedan por delante para garantizar que los últimos 400 metros de costa natural de Posadas sigan siendo de acceso público.
Una costa redefinida por la represa y apropiada por privados
Para dimensionar lo que está en juego, Nahuel remite a los orígenes del cambio en la costa posadeña. Explica que el embalse de la represa de Yacyretá obligó a redefinir la costa de la ciudad a una cota mucho más alta que el cauce natural del río. Esto derivó en expropiaciones masivas de terrenos inundados o que quedarían bajo agua y en la construcción de obras de defensa y urbanización, como la costanera, el Brete y otras infraestructuras de contención.
Ese proceso dejó dos perfiles bien distintos en la ribera de Posadas. Por un lado, desde el acceso Sur hasta la avenida Tomás Guido, se consolidaron obras viales, defensas costeras y espacios públicos. Por el otro, río abajo, entre Tomás Guido y Tacuarí, en el área del arroyo Mártires, la normativa urbanística prohíbe obras de defensa similares, aunque la franja de expropiación por parte de la Entidad Binacional Yacyretá (EBY) existe igualmente y está reconocida en el código urbanístico como área no destinada a emprendimientos de este tipo.
Sin embargo, esa franja fue siendo ocupada y privatizada de hecho. El vecino la describe como una costa que, de la toma hacia abajo, fue “usurpada” paulatinamente por clubes náuticos, universidades privadas, barrios cerrados y grandes mansiones, que se apropiaron del frente fluvial. Hasta el año 2020, el último tramo de costa que permitía el acceso al río en estado natural eran justamente los aproximadamente 400 metros donde se encuentra El Montecito, en la chacra 202, entre las avenidas Kolping y Piró, linderos al terreno del Club Náutico Pira Pytá, que proyectaba instalar allí una segunda sede.
El Montecito: el último acceso natural al río
Ese sector, conocido como El Montecito de Villa Cabello, preservaba aún el monte típico misionero con sus tres estratos de vegetación y un acceso al río acorde a la idiosincrasia misionera: bajar entre piedras, mojarse los pies en la costa y tomar un tereré mirando el Paraná. Era, en palabras de los vecinos, el último acceso a la costa en estado natural para los habitantes de Posadas.
No obstante, según relató Nahuel, el club mantuvo durante décadas ese predio “a su suerte”: sin delimitar, sin desmalezar, sin cuidado, hasta que la urbanización llegó con el asfalto y las obras viales. En plena pandemia de 2020, en un contexto de prohibición total de quemas por la sequía, el club avanzó con lo que los vecinos describen como un proceso sistemático: cortar vegetación, prender fuego el monte en galería, eliminar la vegetación baja y dejar sólo grandes árboles, algunos de los cuales también terminaron siendo volteados y quemados.
Ante las denuncias en redes sociales y el temor de perder el último acceso natural al río, vecinos de Villa Cabello y de otros barrios de Posadas comenzaron a organizarse. Así nació la Asamblea de Vecinos en Defensa del Montecito, que más tarde se constituiría en la asociación civil Monte y Río. El objetivo era claro: frenar el avance del club, visibilizar la situación y defender ese tramo de costa para el uso público.

Gestiones, denuncias y la declaración de reserva urbana ambiental
La organización vecinal derivó en una larga serie de gestiones que implicaron reuniones con funcionarios, presentaciones formales y denuncias ante distintos organismos. Nahuel destaca el rol de la Defensoría del Pueblo en el proceso, ya que a través de las actuaciones iniciadas allí pudieron demostrar dos puntos centrales.
Por un lado, se comprobó que la franja de expropiación en esa zona efectivamente existe y está emergida, pese a que el argumento del club era que esa franja, en ese tramo específico de la costa, no existía o había quedado sumergida por el río. Por otro, se logró que esa área, junto con otros sectores vinculados a un arroyo entubado bajo la avenida Kolping y detrás de la Asociación Española, sea declarada reserva urbana ambiental.
Pese a esa declaración y a las múltiples clausuras municipales a lo largo de estos años, el club siguió avanzando. Según relata el vecino, hubo una “obra clandestina detrás de otra”: construcción de muros y cercos, rellenos, movimientos de tierra y modificaciones sin estudio de impacto ambiental ni autorizaciones correspondientes. Todo con un mismo resultado: impedir el acceso público a la costa.
“Nadie intentó nunca acceder al predio privado del club, lo que la gente quiere es llegar a la playa, a la costa, a la franja que es pública y que es reserva”, remarcó Nahuel en la entrevista, al describir cómo los muros levantados bloquean el paso hacia el río y dificultan el ingreso a la reserva El Montecito.
La nueva obra: una bajada de lanchas en plena reserva protegida
En este contexto, durante el último fin de semana los vecinos advirtieron una nueva intervención: el inicio de la construcción de lo que sería una rampa o bajada de lanchas sobre la continuación de la avenida Piró, atravesando directamente el área protegida de El Montecito.
Según explicó Nahuel, todo indica que se trata de una obra pensada para ampliar la capacidad de guardería náutica del club y habilitar una bajada de embarcaciones dentro de la reserva urbana ambiental, lo que haría aún más inaccesible el sector para el resto de la ciudadanía y profundizaría el modelo de “costa privatizada” para quienes pueden pagar una cuota societaria o tener una lancha.
El inicio de estos trabajos motivó la denuncia pública por parte de la asamblea y la difusión de fotos que mostraban la obra avanzando sobre la zona protegida. A partir de estas exposiciones, se reactivaron las gestiones ante la Municipalidad y las áreas de control urbanístico.

Vecinos organizados y obras frenadas por irregularidades
Frente a la nueva denuncia, los vecinos recurrieron a un mecanismo previsto para cualquier ciudadano: acercarse a las oficinas municipales, advertir sobre una obra sin cartel y sospechar de posibles infracciones al código de urbanismo y de edificación. A partir de ese planteo, las autoridades informaron que la obra iniciada por el Club Náutico Pira Pytá se encuentra actualmente paralizada.
Nahuel aclaró que, según les comunicaron, la paralización obedece a “irregularidades” formales vinculadas a la obra, que no necesariamente están ligadas al núcleo del problema de fondo, es decir, que se trata de una bajada de lanchas que avanza sobre una reserva urbana ambiental. Sin embargo, el freno momentáneo abrió una ventana de tiempo clave para visibilizar el conflicto, reforzar los argumentos legales y exigir una resolución definitiva que respete la protección del área.
El entrevistado remarcó que no se trató de una instancia de diálogo convocada por las autoridades, sino que fueron los propios vecinos quienes se acercaron, una vez más, a plantear la situación. En ese marco, cuestionó la falta de involucramiento tanto de la Municipalidad como de la EBY en todo el proceso previo, recordando que el municipio nunca formó parte activa de las gestiones realizadas en su momento ante la Defensoría del Pueblo, pese a que es el órgano que diseña y regula las normas urbanísticas a través del Concejo Deliberante.
Un modelo de “ocupa VIP” y una pregunta de fondo: ¿quién accede al río?
Para describir lo que ocurre en la costa posadeña, Nahuel habló de un proceso repetido de “usurpación” y “ocupa VIP”: sectores con poder económico que se apropian de la ribera mediante clubes privados, urbanizaciones cerradas o emprendimientos exclusivos, mientras el conjunto de la ciudadanía ve reducido progresivamente su derecho a acceder al río en forma pública, gratuita y en condiciones naturales.
Este modelo, sostuvo, consolida una ciudad en la que el río parece estar reservado para quienes pueden pagar una cuota societaria, comprar una embarcación o adquirir un terreno con vista directa al agua. En contraposición, la defensa de El Montecito pone el foco en garantizar que los últimos 400 metros de costa natural de Posadas sigan siendo un espacio de recreación, contacto con la naturaleza y uso comunitario para cualquier vecino, tal como fue tradición en la cultura misionera.

Lo que sigue: garantizar el acceso público y reparar el daño
Consultado sobre los pasos a futuro, Nahuel señaló que los vecinos continúan aportando toda la información recabada en estos años para que la Municipalidad actúe de manera firme y definitiva. El objetivo central es doble: por un lado, impedir que se avance con cualquier infraestructura que contradiga la categoría de reserva urbana ambiental; por otro, asegurar que se restituya y repare el área dañada por las intervenciones ilegales, de modo que El Montecito mantenga su función como espacio de acceso público al río.
En paralelo, la Asamblea de Vecinos de Villa Cabello y la asociación civil Monte y Río sostienen el monitoreo permanente de la zona, la difusión de lo que ocurre y las gestiones ante los organismos con competencia en materia ambiental y urbanística. La preocupación no es solo por la protección de un pequeño monte ribereño, sino por lo que ese lugar representa: el límite entre una ciudad que cede su costa a intereses privados o una ciudad que defiende el río como bien común.
Mientras la obra permanece paralizada y se esperan definiciones oficiales sobre el futuro de la bajada de lanchas del Club Pira Pytá, El Montecito vuelve a convertirse en un símbolo de resistencia vecinal, de defensa del ambiente y de la idea de que el río Paraná, en Posadas, debe seguir siendo un espacio al que cualquiera pueda llegar, sentarse sobre una piedra y poner los pies en el agua.
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