La Edición N°75 de la Estudiantina de Posadas dejó un balance marcado por la emoción juvenil y también por importantes cuestionamientos. En una entrevista con Radio Up, el creador del Oriental, ex director y asesor del Colegio Industrial, Quique Uffelman, analizó con profundidad cómo se vivió este aniversario de diamante y qué significa hoy una celebración que atraviesa generaciones en Misiones. Su mirada, cargada de experiencia y memoria colectiva, permite revisar qué se ganó, qué se perdió y qué debería transformarse en una fiesta que ya forma parte de la identidad posadeña.
Los años dorados del Industrial y un recuerdo que sigue marcando generaciones
Uffelman evocó sus inicios en la Estudiantina del ’84, cuando dirigió al Industrial en 1984, 1985 y 1986. Ese último año fue, según recordó en charla con Argentina Divina Comedia, absolutamente inolvidable: egresó de la escuela, viajó a Bariloche, Argentina ganó el Mundial y su banda obtuvo por segunda vez el primer puesto de la competencia. Aquella etapa, explicó, estaba atravesada por el verdadero espíritu de desfile, con música ininterrumpida en tramos emblemáticos como la Avenida Corrientes, donde la fiesta colectiva, el sonido y el movimiento eran protagonistas de una experiencia que hoy considera necesaria recuperar.
Infraestructura insuficiente y una fiesta que dejó afuera al público
Para Uffelman, la pérdida del espectáculo urbano es una de las grandes fallas actuales. El sistema de tocar sólo en palcos limita drásticamente el acceso del público, ya que apenas mil o mil doscientas personas pueden ocupar las tribunas mientras cada noche asisten más de quince mil espectadores.
La consecuencia, afirmó, es un clima de forcejeos, incomodidad y exclusión, especialmente para familias con personas mayores o niños pequeños. Llamó la atención sobre la precariedad de la infraestructura, con tribunas “atadas con alambre” y servicios mínimos como un único baño público para miles de asistentes. Para él, los jóvenes hacen lo que pueden, pero la fiesta quedó a la deriva por falta de un plan municipal serio.

La necesidad urgente de un estudiantinódromo
La expansión demográfica de Posadas, con más de treinta y cinco escuelas participando y alrededor de cinco mil músicos en la calle, exige una infraestructura a la altura de la celebración. Uffelman consideró indispensable avanzar hacia un estudiantinódromo, un espacio diseñado para desfiles, con seguridad, comodidad y servicios adecuados. Además, subrayó que ese predio podría usarse todo el año para actividades culturales, deportivas y recreativas, lo que lo convertiría no solo en una solución estructural sino también en una inversión sustentable para la ciudad.
El conflicto por los ruidos y una solución tan simple como ignorada
Uno de los puntos más sensibles es el de los ruidos molestos generados por los ensayos. Uffelman relató que en 2017 propuso un método sencillo y económico para reducir hasta un 30% el volumen de los tambores mediante el uso de tiras de toalla colocadas entre el aro y el parche. La idea fue aplicada con éxito en su momento y volvió a usarse este año ante la presión de las quejas vecinales, pero sorprende que no se haya adoptado como política permanente. A su entender, es una medida práctica, accesible para cualquier familia y además mejora la calidad musical porque permite a los chicos escucharse mejor.

Competencia, jurados y el límite de lo malsano
Sobre la competencia, Uffelman fue contundente al señalar que el sistema actual alcanzó un nivel “malsano”. Afirmó que existen sospechas recurrentes sobre el accionar de algunos jurados y la manipulación de puntajes, aunque no existan pruebas firmes. Pero más allá de eso, la presión, las reglas rígidas y la rivalidad extrema deformaron el sentido artístico de la fiesta. Como ejemplo de ese deterioro recordó el episodio de este año, cuando se incendió una escuela, un hecho que considera directamente delincuencial y que expone los riesgos de una competitividad descontrolada.
Propuso volver a un formato sin puntajes durante cinco años, tal como ocurrió en 2020 durante la pandemia, cuando los jóvenes disfrutaron la fiesta sin presiones, vestidos con remeras blancas y concentrados solamente en el arte y la celebración.
APES, normas estrictas y un espíritu juvenil que se contradice
Uffelman también cuestionó el funcionamiento de APES, a la que calificó como una institución con rasgos casi “policíacos”, al imponer reglas como la prohibición de saludar al público para no perder puntos. Consideró absurdo que chicos tan jóvenes adopten normas tan rígidas y conservadoras, y señaló que el verdadero sentido de la Estudiantina debería ser la alegría, la creatividad y la cooperación, no la penalización ni el miedo.

El llamado final: responsabilidad estatal y una fiesta que debe volver a ser de todos
En su balance final, Uffelman sostuvo que la Estudiantina hoy es “una fiesta inmensa sostenida solo por los chicos”, mientras que el Estado municipal no asumió el rol que le corresponde. Afirmó que la ciudad necesita una comisión permanente de Estudiantina, que trabaje todo el año en la organización y garantice seguridad, infraestructura y accesibilidad, del mismo modo que lo hacen carnavales consolidados como los de Corrientes o Encarnación.
Subrayó que la vía pública es patrimonio del Estado, no de los estudiantes, y que los jóvenes merecen una fiesta bien organizada, segura y disfrutable para toda la comunidad.
Antes de despedirse, remarcó que los chicos hacen un esfuerzo enorme, pero necesitan adultos responsables y autoridades comprometidas con una celebración que, después de 75 años, sigue siendo uno de los símbolos culturales más importantes de Posadas.
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— Radio Up 95.5 (@radioup955) November 12, 2025



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