Por cuarto año consecutivo, Argentina lidera el ranking mundial de burnout. Las declaraciones fueron realizadas en comunicación con La Última Rosca, por Radio Up.
Agotamiento laboral: 9 de cada 10 argentinos se sienten “quemados”
El agotamiento emocional, físico y mental dejó de ser una percepción individual y se convirtió en una problemática estructural dentro del mercado laboral argentino.
Según un estudio reciente, 9 de cada 10 trabajadores del país presentan síntomas de burnout, un síndrome reconocido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como una enfermedad vinculada al ámbito laboral.

En conversación con el programa La Última Rosca, emitido por Radio Up, la psicóloga Nahir Britez explicó que este fenómeno se sostiene y se agrava año tras año por la combinación de exigencias laborales crecientes, falta de contención emocional y un contexto social que empuja a los trabajadores a mantener un estado de productividad constante.
‘’El síndrome de burnout es la cronificación del estrés. Ya no es un cansancio puntual. Es un agotamiento que se sostiene en el tiempo porque el cuerpo y la mente no encuentran espacios de recuperación’’, afirmó Britez.

Un contexto que favorece el desgaste
Argentina transita desde hace años una inestabilidad económica profunda. Ajustes, rotación laboral, salarios que pierden contra la inflación y condiciones de trabajo intensificadas generan una sensación de urgencia constante, donde el empleo, más que una fuente de estabilidad, se vive como un terreno de sobrevivencia.
‘’Las condiciones laborales muchas veces están dadas para que el agotamiento suceda. Hay tareas que exceden lo que una persona puede resolver dentro del horario laboral y aun así se espera que llegue a todo. La diferencia entre lo que se pide y lo que realmente es posible es una de las principales causas de frustración’’, señaló la psicóloga. Esta brecha entre la expectativa y la realidad deriva en sentimientos persistentes de insuficiencia, baja autoestima y autoexigencia desmedida.
La hiperconexión permanente
Un elemento central del burnout actual es la dificultad para desconectarse. Si antes la jornada terminaba al salir de la oficina, hoy el celular mantiene abiertas las puertas del trabajo las 24 horas.
‘’Llevamos el trabajo a casa. Respondemos mensajes fuera de horario. Estamos todo el tiempo disponible. Esa hiperconexión impide los procesos de descanso que el sistema nervioso necesita. Y cuando el cuerpo no se recupera, se agota’’, explicó Britez.
La cultura del ‘’estar a disposición’’ se arraigó tanto en el sector privado como en el público, y muchas veces se valida como sinónimo de compromiso, cuando en realidad se trata de una forma de desgaste progresivo.
Estructuras de trabajo que reproducen la sobrecarga
Britez también se refirió a la forma en que la organización interna de los espacios laborales contribuye al burnout. ‘’Muchos ámbitos de trabajo no promueven canales de diálogo ni espacios donde el trabajador pueda decir lo que le pasa. No hay instancias reales de escucha. Al no poder expresar límites, la persona acumula tensión y la va sosteniendo sola’’, indicó.
Además, la desarticulación jerárquica y la mala distribución de responsabilidades hacen que quienes poseen menos autoridad terminen cubriendo tareas que no les corresponden, sin reconocimiento ni ajuste de carga. Esto genera ciclo de sobreexigencia, insatisfacción y desgaste emocional.
Qué ocurre cuando el burnout no se detiene , cuando el agotamiento se sostiene sin pausa, el cuerpo empieza a manifestarlo:
Dolores musculares y cervicales
Problemas digestivos
Insomnio o sueño no reparador
Irritabilidad persistente
Palpitaciones y dificultad para respirar
Ansiedad y crisis de angustia
Desconexión afectiva y apatía
‘’Lo más grave es cuando la persona llega a un punto en que necesita licencia médica, medicación o incluso tratamiento psiquiátrico. Si el límite no lo pone uno, lo termina poniendo el cuerpo’’, remarcó Britez.
¿Cómo empezar a descomprimir?
La psicóloga señala que la recuperación del burnout requiere acciones conscientes, tanto personales como institucionales:
Establecer horarios de desconexión real
Poner límites al trabajo fuera de horario
Realizar actividad física suave y constante
Retomar actividades recreativas y creativas
Priorizar el descanso y el sueño reparador
Hablar abiertamente de lo que se siente
Buscar acompañamiento terapéutico
‘’Decir ‘no llego’ no es una falla. Es un acto de salud. El cuidado empieza cuando dejamos de exigirnos ser una máquina’’, concluyó Britez.



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