La modelo, actriz y empresaria misionera, Ingrid Grudke, habló en exclusiva desde Japón con Arriba la Radio, por Radio Up, sobre su estadía de más de siete semanas junto a su sobrina y la pareja de esta última. Contó cómo es la vida cotidiana en Tokio, qué la sorprendió y qué aprendizajes se lleva antes de regresar a la Argentina dentro de 8 días.
“Fue un momento de aprendizaje, de tomarme un tiempo para mí”, relató Ingrid Grudke desde Tokio. La modelo decidió viajar a Japón para acompañar a su sobrina, fanática del manga, el anime y el cosplay. “Ella ya sabe japonés y me pareció interesante compartir esta experiencia con ella. Es mi ahijada, y le propuse venir. Al principio me miró como diciendo: ‘¿Estás loca?’ Pero nos animamos”, contó entre risas.
Durante siete semanas, Grudke estudió japonés junto a su sobrina y su pareja. “Es un idioma dificilísimo, pero lo hice para ejercitar el cerebro, para mantenerme activa. Dicen que aprender idiomas ayuda a prevenir el Alzheimer”, bromeó.

La disciplina del silencio
Ingrid quedó impactada por el orden y el respeto social de los japoneses. “Tokio tiene 46 millones de habitantes y, sin embargo, reina la calma. En los trenes no hay gritos, no se puede hablar fuerte ni atender el teléfono. Hay una conciencia colectiva admirable”, describió.
“Cada persona cuida su entorno. No hay tachos de basura, porque la gente se lleva los residuos en el bolsillo. Nadie tira nada fuera de lugar. Los baños públicos son impecables y totalmente automáticos. Esa educación social empieza desde la infancia”, explicó.
Una de las imágenes que más la conmovió fue ver niños muy pequeños viajando solos. “Chicos de siete u ocho años van en tren, leen un libro, y todos los adultos los cuidan. Esa confianza y seguridad son cosas que en nuestro país todavía están por construirse”, reflexionó.

Entre la espiritualidad y el trabajo
Consultada sobre el costado espiritual de Japón, Grudke fue clara: “En las grandes ciudades todo está globalizado y comercializado. Si querés sentir espiritualidad tenés que alejarte, ir a las montañas o al sur, donde están las playas y la naturaleza. Ahí sí se percibe paz.”
“Para mí la espiritualidad se siente en la manera en que las personas se tratan. Acá no hay agresión ni histeria. Vas tranquilo a trabajar o estudiar. Esa armonía también es espiritualidad”, sostuvo.
Pero también advirtió sobre el otro lado del sistema: “Hay mucha presión social. Todo tiene que ser perfecto. Si no llegás al diez, se considera un fracaso. Eso genera soledad y un alto nivel de suicidios, sobre todo en adolescentes. Es un tema muy serio”.
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Gastronomía y costumbres
La modelo también se refirió a su experiencia con la alimentación, en especial las comidas típicas. “Con todo respeto, la gastronomía japonesa me resultó difícil. Mi cuerpo no toleró bien los condimentos del ramen. Terminé comiendo pastas italianas o arroz. El sushi sí me gustó, y el sake me sorprendió por lo suave que es”, contó.
También aprovechó para asistir a una fiesta popular, donde se animó a vestir un kimono. “Fue hermoso. Probé todo tipo de platos, aunque después terminé con la boca brotada”, recordó entre carcajadas.
“Ser anónima por un rato me hizo bien”
Uno de los momentos más curiosos de su estadía fue cuando una influencer argentina la reconoció en pleno cruce de Shibuya, uno de los más transitados del mundo. “Pasaron semanas sin que nadie me dijera ‘Ingrid’, y de golpe escucho mi nombre en medio de la multitud. Me encantó. Fue como volver a casa por un minuto”, dijo.
“Estar en un lugar donde nadie te conoce me ayudó a reconectarme conmigo misma. No necesitás maquillaje, ni estar producida. Sos vos, sin etiquetas. Eso me hizo muy bien”, afirmó con tono reflexivo.
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Balance y regreso
En los próximos días, Grudke regresará a Buenos Aires. “Después de estos diez días me toca volver a trabajar, a producir. Este viaje fue una inversión en mí, en mi familia. Me siento renovada y con ganas de nuevos proyectos”, adelantó.
Con humor, cerró la charla agradecida: “A veces hablo como monólogo, pero me hace bien compartir lo que vivo. Siempre digo que la gente de Misiones me da fuerza. Ese cariño, ese respeto, es lo que me sostiene en este medio tan competitivo”.



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