En la voz de Yasmín Fernández se percibe la fortaleza y el estupor de haber vivido la tragedia de Campo Viera en carne propia. La joven estudiante de ingeniería -oriunda de Eldorado- relató en primera persona cómo fueron los primeros minutos de acción y conmoción, después de que al colectivo Sol del Norte en el que viajaba desde Oberá el domingo por la madrugada fuera chocado por un auto y cayeran al arroyo Yazá.
Entre el horror, la oscuridad y los gritos de auxilio, Yasmín fue una de las sobrevivientes del trágico siniestro sobre la Ruta Nacional 14, en el que perdieron la vida 9 personas –Su testimonio, compartido horas después del accidente, reflejó no solo la magnitud del hecho, sino también el coraje y la humanidad con que actuó en medio del caos.
“Fui muy bendecida”, comenzó Yasmín en un video difundido en sus redes sociales. Fue una de las primeras derivadas al Samic de Oberá: “Estaba en un lugar en el que no tuve tanto impacto. Solo tengo dos puntos en las piernas y muchos raspones, pero estoy bien”, aclaró al calmar a sus allegados sobre su estado de salud.

Campo Viera: “Todo el mundo estaba gritando”
Siguiendo su relato, tras el choque el colectivo -que circulaba en sentido Oberá – Campo Viera- “se fue a la banquina y cayó unos 15 metros”. A los pocos segundos, el vehículo “se llenó de agua” y fue la corriente la que la expulsó hacia afuera.
Ya en el arroyo, entre los restos del vehículo y los gritos de los heridos, la joven se acercó a ayudar a otros sobrevivientes. “Todo el mundo estaba gritando. Me acerqué a una chica que tenía un golpe fuerte en el pecho y le decía: ‘Estamos acá, tranquila, estoy con vos’”. Pero en medio de la confusión, divisó un cuerpo en el agua. “Me di cuenta que era una persona y no podía estar muerta. Me tiré sin pensarlo”, añadió.
Se trataba de Gustavo Báez, un joven de 31 años que había quedado inmovilizado tras el impacto. “Nos llevó la corriente, pero no lo iba a dejar ir. Lo abracé fuerte, me planté sobre las piedras y me quedé con él porque no podía moverse”, relató. “Con mis piernas le sostenía la cabeza, como si fuera un cuello ortopédico, para que no la moviera”.

Durante varios minutos, Yasmín permaneció en el agua junto al joven, hasta que pidió ayuda a un hombre que se acercó al lugar. “Era una pendiente muy inclinada y no pudimos sacarlo. Él quedó en la orilla con los pies en el agua, tenía mucho frío”, contó. “Lo único que pude hacer fue quedarme al lado, alumbrar con su linterna y acompañarlo. Me sentía impotente porque solo pude ayudar a dos personas y me dolió no poder hacer más”, lamentó la valiente estudiante.
Yasmín acompañó a Gustavo en la ambulancia hasta el hospital, donde esperó junto a él hasta que llegó su familia. “No lo iba a dejar solo. Hasta lo último me quedé con él”, afirmó. “Le mando muchísima fuerza, va a mejorar, realmente va a estar bien”, confió.

Aún conmovida por lo vivido, la joven compartió un dato que pone la piel de gallina a quien la oye: según dijo, su viaje fue una decisión de último momento. “Yo no iba a viajar ese día. Lo decidí a último momento, pero sé que Dios me puso ahí para ayudar a ese chico”, afirmó sentida. “Es humanidad, supongo yo. Dios me cuidó y me puso en ese lugar para poder ayudar”, concluyó.
Su testimonio, marcado por la fe y la solidaridad, se volvió símbolo de esperanza y se viralizó prontamente, en medio de la conmoción por un siniestro que, aseguran familias y vecinos de la comunidad misionera, podría haberse evitado.
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