Astor Peralta Levy, nacido en Misiones, se radicó en Israel tras un viaje Taglit, aprendió hebreo en un kibutz, se enlistó como soldado solitario y hoy integra una unidad de reconocimiento con frente en el Líbano.
En su paso por Posadas donde visitó a sus padres y a su hermana, pasó por los estudios de “Arriba la Radio” (de Radio Up) para relatar su elección militar al inicio de la guerra con Palestina, su entrenamiento, la vida multicultural, el mate en las guardias y su sueño de estudiar Bellas Artes. “Para mí Israel es el país de la paz”, sostuvo Astor.

Astor: “Me sentí en el hogar que siempre había estudiado”
Astor terminó la secundaria en plena pandemia, cursó programación y al poco tiempo se le presentó una oportunidad que cambiaría su vida. “Me sale un viaje a Israel que se llama Taglit ("descubrimiento" en hebreo), un programa que ofrece viajes educativos gratuitos de 10 días a Israel para jóvenes judíos adultos de entre 18 y 26 años, contó.
Aunque conocía su historia desde la escuela Hebrea, nunca había visitado Israel: “Para mí era un país conocido, pero nunca lo había pisado. Cuando fui, me sentí en el hogar que siempre había estudiado, con la gente que me resultaba familiar”, sostuvo Astor.
Durante ese viaje compartió experiencias con jóvenes israelíes —muchos en servicio militar—, lo que reforzó su deseo de enlistarse: “De chico ya quería ir al ejército de allá. A los dos días de llegar, ya me quería quedar”, aseguró.

El 7 de octubre de 2023 y la decisión de Astor para alistarse
Astor Peralta Levy recordó cómo surgió la fecha de su viaje en 2023, al inicio de la guerra en la Franja de Gaza: “Yo ya tenía fecha para viajar: era el 26 de octubre. Pero cuando pasó lo del 7 de octubre, fue una masacre horrible. Nadie lo podía creer”, recordó. “Llamé a la agencia y pedí que me adelanten la fecha. Lo único que quería era ir a ayudar lo antes posible. Me dolía estar en casa viendo todo eso”, reveló el joven.
Por decisión familiar, pospuso el viaje unas semanas. Finalmente partió en enero: “No estuvo tan mal ir un tiempo después. Israel necesitaba reorganizarse después de ese golpe”, admitió sobre la decisión de sus padres.
Astor se instaló en un kibutz cerca de Haifa, donde aprendió hebreo en el ulpan (escuela para el estudio intensivo del idioma hebreo) y trabajó en el comedor comunitario. “Fue una experiencia increíble. Mi primer amigo fue un árabe que me enseñó hebreo. También una chica drusa y un argentino que trabajaba en la cocina. Israel tiene gente de todos lados”, relató.

“Israel es el país de la paz”
Con apenas 22 años, Astor habla de Israel con una madurez sorprendente.
“Es un país que me encanta y tiene mucha unión. Para mí es el país de la paz. Muchos vienen de lugares violentos, en algunos casos escapando de ellos por no estar de acuerdo con la vida o porque tienen familias con religiones ortodoxas, y en Israel pueden ser ellos mismos”, afirmó.
Agregó que la convivencia entre culturas es parte esencial del país: “El idioma oficial es el hebreo y el árabe. Y los árabes viven tranquilos. En mi identificación están los dos idiomas. Allá convivimos en paz.”
Enlistamiento y entrenamiento militar
Al llegar, se inscribió en un curso básico de hebreo y preparación para nuevos inmigrantes. “Es un entrenamiento de tres o cuatro meses, con uniforme, guardias y armas. Después uno elige a qué unidad quiere ir”, explicó.
“Yo entré en una unidad de reconocimiento, de combate, con ocho meses de entrenamiento muy exigente”, contó. Hoy, su destino es el frente al Líbano, aunque aclara que “en Israel hay muchos frentes activos: Gaza, Judea y Samaria, Siria, Jordania y Egipto”.
Rehenes, memoria y patriotismo
Durante la entrevista, recordó el alivio que sintió con la firma de la paz del 13 de octubre de 2025, que posibilitó la liberación de rehenes: “Sufrimos muchísimo. Tengo camaradas que estaban en Gaza, fue una noticia que nos llenó de alivio.”
También habló del homenaje a los soldados caídos: “En Israel hay stickers con los nombres de quienes mueren en combate. Se sostiene que, si hay memoria, no se pierde la vida. Están pegados por todo el país.”
Contó que un colega de la base militar tuvo que sufrir la muerte de su hermano y Astor se dio cuenta de la tragedia cuando tomó su guardia y vio precisamente un sticker con la figura del soldado caído. Esa fue la experiencia más cercana de dolor que le tocó vivir en la guerra: “no sabíamos cómo reaccionar porque nuestro camarada siguió firme en su trabajo, como si nada hubiera ocurrido”, contó.

Una paz temporaria
La vida cotidiana en Israel, con la guerra, tiene su propia “normalidad”: “Podés estar comiendo una hamburguesa en Tel Aviv, sonar la alarma y mucha gente ni corre. Dicen: ‘Que la Cúpula de Hierro nos proteja’. La gente ya está acostumbrada”, relató.
Sobre las comunicaciones en tiempos de guerra, explicó: “En el ejército a veces no podés usar el teléfono por seguridad, pero no hay represión. Fue también una guerra de redes sociales, con mucha desinformación.”
Misioneros, amistades y distracciones
Astor fue consultado si se encontró con más misioneros en Israel, al estar lejos de su familia. “Santino Soria está allá y León Frinet ya terminó su servicio, incluso estuvo en Gaza. Nuestros caminos se cruzaron”, contó.
En los ratos libres, la música y el deporte ayudan a despejar: “Tenemos guitarras en la base, tocamos, cantamos, jugamos ping pong. A mí me gusta el heavy metal: me sube la energía cuando entrenamos”, explicó Peralta Levy.
Astor Peralta: “El mate no falta nunca”
Entre las anécdotas, reveló que el mate fue su carta de presentación. “Llevo mate a las guardias, que son a veces de 4 a 10 de la mañana. Tengo un compañero druzo que también toma mate, porque en Siria también lo hacen. Al principio nos miraban raro: ‘¿Comparten la bombilla?’. Les dije: ‘Esto es lo que toma Messi’. Y ahora todos toman mate en la base.”
El misionero dijo que se consigue yerba mate gracias a una tienda de productos argentinos, como por ejemplo también el dulce de leche.
Tras contar que le gusta cocinar, admitió: “Lo que más extraño es la chipa y la milanesa”. Y contó que la versión más cercana a esta última “es el schnitzel, de pollo. Cuando me dijeron ‘vamos a hacer asado porque vino un argentino’, era carne desmechada”, relató entre risas.
Sin embargo, rescata la variedad: “Hay tiendas argentinas, se consigue yerba y dulce de leche.” Su plato favorito que adaptó en Israel es “Shakshuka, una salsa de tomate con huevo. Yo la hago más suave, con crema, cebolla y champiñones. Es mi especialidad.”

“La primera semana lloraba”
El entrenamiento no fue fácil. “La primera semana lloraba, no podía creer dónde estaba. No hay teléfono, hace frío y no hay salida rápida”, recordó. Destacó que un oficial lo ayudó a comunicarse con su familia, en el inicio de la formación militar y cuando quedaron castigados por acciones de sus jóvenes compañeros.
En medio del cambio de vida, en una de esos momentos difíciles, habló con su padre: “Mi papá me dijo: ‘¿Qué esperabas? Esto es el ejército’. Me preguntó si en ese sacrificio estaba aprendiendo. Le dije que sí. Eso me motivó y seguí adelante.”
Sueños, arte y regreso a Israel
Tras cumplir su servicio militar, Israel ofrece bonos para vivienda o estudios a sus soldados. El misionero Astor Peralta Levy quiere estudiar Bellas Artes: “Vengo de familia de artistas. Mi abuela pintaba cuadros de Disney que parecían originales. Mi mamá también desarrolla arte”, contó.
En pocos días, Astor planea volver a Israel el 20 de octubre: “Quiero que mi hermana venga también. Le digo: ‘18 años es el mejor momento para empezar allá’. Y ya me dijo que sí”, se esperanza de tener a parte de la familia con él.
“Si pudiera, me llevaría a toda mi familia”, sentenció al reconocer que es familiero y que es lo que más extraña a la distancia.
En el plano íntimo, Astor aseguró que su viaje a Israel tuvo un gran motivo: “Quería aprender, probarme, empezar desde cero: nuevo idioma, nuevo país, ejército. Me encontré conmigo mismo. Aprendí qué me gusta, qué tolero y qué no.”



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