El Trastorno del Desarrollo del Lenguaje (TDL) afecta al 7,4% de los niños en el mundo, lo que equivale a dos chicos por aula de 30, según datos de la investigadora británica C. Norbury (University College London, 2018). A pesar de su alta prevalencia, se trata de una condición que aún pasa desapercibida y que, sin atención temprana, repercute en la lectoescritura, la socialización y el futuro académico.
La directora de la Diplomatura en Trastornos del Lenguaje Infantil de la Universidad Austral, Verónica Maggio, dialogó con Radio Up y explicó que estas dificultades se empiezan a manifestar en la etapa preescolar: “En algunos casos se resuelven a mediados de la primaria y en otros casos permanecen. El tiempo de ayuda mínima, mínima, mínima, son dos años para arriba”.
La especialista diferenció los tipos de cuadros: “Normalmente ya la familia o el pediatra en etapas preescolares, dos, tres, cuatro años, notan que el niño habla poco o muy mal y ahí comienzan las primeras intervenciones. Después hay otros casos que se diagnostican más grandes, cuando la maestra observa las dificultades”.

En cuanto a la evolución de los últimos años, reconoció un incremento: “Desde hace muchos años vemos que la cantidad de chicos con problemas en el desarrollo de la comunicación y el lenguaje es cada vez mayor. La pandemia no ayudó: agravó un poquito más la situación”.
Uno de los factores que más preocupa es el uso excesivo de pantallas en menores de cinco años. “El uso de las pantallas lo que genera es atraso en el lenguaje. Nenes que tendrían que comenzar a hablar al año y medio o dos, usando pantallas, lo postergan. Esto genera un efecto dominó: repercusiones en la comunicación, en lo social y a nivel conductual”, advirtió.
Respecto a las diferencias entre problemas comprensivos y expresivos, Maggio precisó: “El chico con problemas comprensivos muchas veces no puede seguir órdenes simples, salvo que uno le señale los objetos. En los más grandes, no entienden chistes o ironías. En cambio, las dificultades expresivas no siempre se manifiestan como chicos que hablan mal. Pueden pronunciar bien, pero si tienen que contar un evento se enredan, se olvidan palabras o hablan sin artículos ni verbos conjugados”.

El impacto en la vida escolar y social es profundo. “Si no los atendemos a tiempo, empiezan a generar consecuencias en otros aspectos del desarrollo. La lectoescritura es el primero. Lo social es otro componente, con problemas de conducta, bullying y aislamiento”, señaló.
Maggio remarcó que la detección y el acompañamiento deben ser tempranos: “Aun tratándolos, la sintomatología puede aparecer, pero si uno interviene desde chiquitos las consecuencias son mucho menores y en muchos casos pueden desaparecer completamente los síntomas”.
En cuanto a la formación docente, explicó que se dictan capacitaciones específicas: “Los docentes tienen que estar instruidos para poder ayudarlos, porque especialmente los que tienen problemas comprensivos si no pasan por dispersos o por nenes con problemas de conducta”.
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Finalmente, advirtió sobre el impacto del español neutro de los dibujos animados: “Si pasan muchas horas mirando la tele, esas palabras se les pegan. Lo ideal es bajar la cantidad de horas de pantalla y enseñarles: acá no decimos fresa, decimos frutilla; acá no decimos pastel, decimos torta. Hay que mostrarles la diferencia”.
La especialista concluyó con un llamado a la visibilización: “El TDL es un trastorno invisible porque muchas veces se confunde con timidez, con un problema de conducta o con falta de estímulos. Pero no es ninguna de esas cosas. Es una condición específica que requiere detección temprana y acompañamiento”.
Un alumno de la Normal Mixta fue atacado por un grupo de estudiantes de otro colegio https://t.co/VE0w57vwjq pic.twitter.com/O0Ma3PLAlt
— Radio Up 95.5 (@radioup955) September 30, 2025



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