En una apuesta por reforzar las reservas del Banco Central sin aumentar la deuda neta, el Gobierno nacional anunció la licitación de un nuevo instrumento financiero dirigido a inversores internacionales. Se trata del BONTE 2030, un Bono del Tesoro a Tasa Fija en pesos que podrá suscribirse en dólares estadounidenses y que será colocado este miércoles 28 de mayo.
El ministro de Economía, Luis Caputo, celebró la medida y aseguró que “Argentina vuelve a ganar acceso a los mercados internacionales para refinanciar capital de deuda en moneda local”, destacando que se trata de “algo que la gran mayoría de los países hacen con normalidad, pero que para Argentina no era posible, dado el descalabro económico heredado”.
En ese sentido, Caputo enfatizó que “esta operación no implica un aumento de la deuda bruta, ni tampoco neta. Solo un aumento del nivel de reservas en dólares del BCRA y una extensión significativa de duration de la deuda en moneda local”.
El nuevo bono, con vencimiento el 30 de mayo de 2030, tendrá un monto máximo de emisión de u$s 1.000 millones. Además, contará con una opción Put a dos años, lo que implica que los tenedores podrán vender el bono anticipadamente al Tesoro bajo ciertas condiciones.
Desde el equipo económico, el asesor Felipe Núñez explicó que la medida “le quita presión a la compra de reservas en el piso de la banda”. Por su parte, desde la consultora Balanz afirmaron que “el bono está destinado a apoyar la acumulación de reservas, dado que el BCRA no viene comprando divisas dentro de la banda cambiaria”.
La expectativa está puesta ahora en la licitación de este miércoles, donde se evaluará el interés real de los fondos internacionales. Si la demanda resulta significativa, el Gobierno podría considerar incorporar el instrumento en futuras emisiones.
Este paso representa un nuevo intento del Ejecutivo por estabilizar el frente externo, en un contexto donde el acceso al crédito internacional había estado vedado para la Argentina en los últimos años.

¿Qué es el BONTE 2030?
El BONTE 2030 es un híbrido astuto entre una señal política y una jugada financiera: se ofrece en dólares, pero liquida en pesos. ¿El objetivo? Atraer divisas frescas sin tocar las reservas del BCRA y, de paso, alargar el plazo de vencimiento de la deuda. Es como ofrecer un vaso de agua en el desierto a los fondos extranjeros: no les garantiza un oasis, pero les da una salida (el Put a dos años) si el clima se pone espeso. En términos técnicos, el Gobierno consigue financiamiento en moneda extranjera sin emitir deuda en dólares bajo ley extranjera. En criollo: quieren dólares sin prometer Nueva York.
Pero el truco está en la confianza. Si la licitación queda desierta o apenas tibia, no hay relato que aguante. Porque lo que se está vendiendo no es solo un bono: es la credibilidad de un plan económico que dice haber cerrado el grifo del déficit, pero necesita demostrar que los mercados le creen. El ministro Caputo lo presenta como el regreso al club de los países normales. La pregunta es si los inversores internacionales comprarán el relato… y el bono.
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