Lo que parecía una tranquila tarde de mates en la plaza terminó en un inesperado susto, un vecino de Apóstoles se encontró con una yarará de aproximadamente 1,20 metros desplazándose entre los espacios verdes del Espacio Joven de esa localidad. El hombre hizo el descubrimiento alrededor de las 18:30 de ayer domingo 4 de mayo, cuando llamó al 911 para dar aviso, y minutos después arribaron al lugar los Bomberos de la Policía de Misiones.
Los agentes lograron capturar al ejemplar sin que se reportaran heridos. La serpiente fue trasladada y liberada en su hábitat natural, lejos de la zona urbana. La rápida acción del vecino y los bomberos evitó cualquier incidente grave.
La conservación de las serpientes y su hábitat natural es fundamental para mantener el equilibrio ecológico. En este caso, la yarará fue devuelta a su entorno natural, donde puede cumplir su función en el ecosistema.

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Yarará
Ha sido reportado que esta especie puede exceder 2 m de longitud, aunque otros registros verifican un máximo de 170 cm (aunque al este de Uruguay se registraron varios de estos animales de más de 2 metros de largo). El largo promedio es de 80-120 cm, con hembras significativamente más largas y más pesadas.
A cada lado de la cabeza tiene una foseta loreal ubicada entre el ojo y el hocico, que sirve para detectar presas que emiten radiación infrarroja. La foseta loreal es una característica compartida con las demás víboras de foseta.
Durante el siglo XX fue incluida en el género Bothrops, formando parte del grupo de especies ‘alternatus’, pero en 2009 fue trasladada a Rhinocerophis.
Finalmente, en el año 2012, luego de una revisión de la morfología, filogenia y taxonomía de las serpientes bothropoides sudamericanas, las especies de ese género fueron nuevamente reincorporadas a Bothrops.
Veneno
Bothrops alternatus forma una importante causa de mordeduras dentro de su área de distribución. Sus mordeduras son raramente fatales, pero con frecuencia causan severos daños al tejido. Según la página sobre Toxicología de la Universidad de Adelaida, la toxina de estas serpientes consiste principalmente en una mezcla de coagulantes, hemorrágicos, necrotoxinas y quizás algún tipo de anti-coagulante aunque no da señales clínicas visibles.
Los síntomas clínicos son:
- Dolor, tumefacción, hematomas en la zona de la mordida, sensación de calor o ardor abrasivo, necrosis (Efectos locales).
- Dolor de cabeza, náuseas, vómitos, dolor abdominal, diarrea (Efectos a nivel sistémico).
- Confusión, convulsiones, desmayos (Efectos neurológicos).
- Coagulopatías y hemorragias masivas.
No hay evidencias de daño renal pero dado que otras especies de la misma familia sí lo provocan, no se descarta de forma absoluta. En ese caso sería colateral a las coagulopatías.




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