A 20 años de la elección del 29 de octubre de 2006, que marcó un punto de inflexión en la historia política de Misiones, tres protagonistas de aquella experiencia recordaron cómo se construyó el Frente Unido por la Dignidad, una alianza que reunió a dirigentes políticos, sindicatos, organizaciones sociales, sectores religiosos y referentes independientes con una consigna común: frenar la reforma constitucional que podía habilitar una nueva reelección del entonces gobernador Carlos Rovira.
En diálogo con “Realidad Mixta” de Radio Up, Germán Bordón, Daniel González y Juan “Chito” Passaman reconstruyeron los antecedentes de la iniciativa, las negociaciones que permitieron reunir a sectores con diferencias ideológicas y el papel que desempeñó el obispo Joaquín Piña, quien encabezó la lista de convencionales constituyentes.
El recuerdo también estuvo atravesado por las dificultades que, según relataron, enfrentaron durante la campaña y por las consecuencias políticas de una experiencia que logró reunir a distintos sectores alrededor de un objetivo institucional compartido.
Cómo nació el Frente Unido por la Dignidad
Bordón, quien en aquel momento era apoderado de la Unión Cívica Radical (UCR) y posteriormente se desempeñó como secretario de la Convención Constituyente, ubicó el origen del frente en la crisis política que atravesó la provincia después de las elecciones de 2005.
Según explicó, la obtención de los dos tercios necesarios en la Cámara de Representantes permitió avanzar primero con cuestionados nombramientos en el Superior Tribunal de Justicia y luego con la declaración de la necesidad de reformar la Constitución provincial.
El objetivo político de Rovira era habilitar otra reelección como gobernador. La Constitución contemplaba dos mandatos consecutivos y, de acuerdo con Bordón, los tiempos y los mecanismos disponibles llevaron a impulsar una reforma mediante una convención constituyente.
En ese contexto, dirigentes radicales comenzaron a discutir la posibilidad de conformar un frente con sectores del peronismo que habían pasado a la Renovación, además de organizaciones gremiales y sociales. Bordón reconoció que, inicialmente, existían dudas sobre cómo sería recibida una alianza entre espacios que hasta entonces competían políticamente.
La participación de sectores sindicales, entre ellos la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA), fue importante para el armado. También se incorporaron referentes sociales, independientes y representantes de distintas confesiones religiosas.
En ese proceso surgió la posibilidad de que Joaquín Piña encabezara la lista. Bordón lo describió como una figura reconocida por sus críticas a la realidad social misionera y consideró que su incorporación contribuyó a superar las diferencias entre los distintos sectores.
“Todos los sectores relegamos tal vez algo para lograr conformar esto que tenía un claro objetivo, que era decirle no a la reelección indefinida en la provincia de Misiones”, recordó.
El nombre del frente, Unidos por la Dignidad, surgió durante una de las asambleas en las que se debatía la conformación de la alianza. Según Bordón, fue propuesto por un participante vinculado a la izquierda y terminó sintetizando el espíritu de una construcción que buscaba defender la Constitución, la democracia y la alternancia en el poder.
El papel de Piña y la participación de distintos sectores

Passaman, referente de la CTA durante aquella etapa, recordó que la organización comenzó a tomar forma después de que se conociera la decisión de avanzar con la reforma constitucional. También mencionó la participación de exconvencionales de Neuquén, que compartieron su experiencia en un encuentro realizado en la sede sindical de la calle Salta.
A partir de allí, señaló, se sumaron representantes del radicalismo, del peronismo, de los sindicatos, de organizaciones sociales, de sectores religiosos y de grupos ecologistas.
La incorporación de Piña fue determinante para ampliar la convocatoria. Passaman destacó el trabajo social y de construcción ciudadana que se desarrollaba desde la diócesis de Iguazú y sostuvo que esa tarea ayudó a consolidar una propuesta capaz de reunir a personas que no compartían necesariamente una misma identidad partidaria.
También recordó la magnitud de la participación durante la campaña, con actos y encuentros en diferentes localidades de la provincia.
“Lo que pasó fue un fenómeno. Yo no lo vi nunca más, digamos, en cuanto a la participación de la gente, era impresionante”, expresó.
Para el dirigente sindical, aquella experiencia dejó una enseñanza sobre la capacidad de organización colectiva, aunque advirtió que fue más difícil sostener la unidad cuando los distintos espacios intentaron avanzar en otras propuestas.
“También aprendimos que es mucho más sencillo juntarse para decir que no”, reflexiono. Según explicó, la consigna compartida permitió reunir a sectores diversos, pero las diferencias reaparecieron cuando se discutieron iniciativas que excedían el rechazo a la reforma constitucional.
González, quien presidía la UCR provincial y también integró la lista de convencionales constituyentes, coincidió en que la amplitud de la convocatoria fue una de las claves del proceso.
El dirigente destacó la disposición de los distintos sectores a dejar en segundo plano sus diferencias y remarcó que el acuerdo con el peronismo y la participación de organizaciones sindicales y religiosas requirieron negociaciones y compromisos.
En ese sentido, consideró que la figura de Piña ayudó a superar las desconfianzas iniciales y a consolidar un objetivo común.
Las presiones durante la campaña y el mandato de los convencionales
Uno de los aspectos que González consideró importante recuperar, a dos décadas de los acontecimientos, fueron las dificultades que atravesaron quienes impulsaban el rechazo a la reforma constitucional.
“Nos iban a anotar la policía, nos anotaban la patente de los autos, nos intervenían los teléfonos, había agresiones permanentes, hasta físicas”, relató al describir el clima que, según afirmó, rodeó las reuniones y actividades del frente.
Para el exdirigente radical, esa experiencia demuestra que enfrentar al poder político requiere algo más que acuerdos partidarios. También necesita fortaleza, generosidad y amplitud para construir una propuesta común.
“Pelear desde el poder para mantenerlo es sencillo. El luchar contra el poder requiere un esfuerzo más allá de lo que recién hablamos de las relaciones, de un liderazgo importante, de la generosidad y la amplitud a la hora de conformar un abanico de personas que pueda llevar adelante un proyecto común”, sostuvo.
Bordón, por su parte, recordó una experiencia personal que le quedó marcada después de la Convención Constituyente. Días después de aquella reunión, que duró apenas unas horas, se encontró con vecinos en un supermercado de Posadas que lo felicitaron por haber cumplido con el mandato recibido en las urnas.
“Por primera vez en mi vida sentí que lo que voté me devolvieron después, que esa confianza que deposité en quienes voté me la devolvieron al haberle dicho no a la reelección indefinida”, recordó.
El exapoderado del FUD subrayó que el mandato de los convencionales era concreto: reformar el artículo 110 de la Constitución provincial, sin habilitar la continuidad indefinida en el poder.
Por eso, consideró que el resultado de aquella experiencia debe analizarse desde la defensa de las instituciones, más allá de las disputas políticas posteriores.
“A 20 años hay que destacar la importancia de lo que significa defender las instituciones. Una cosa es la política del día a día y otra cosa es defender las instituciones”, afirmó.
Bordón también planteó que el funcionamiento democrático exige distinguir las diferencias políticas de los acuerdos básicos sobre las reglas institucionales. En ese sentido, cuestionó los fanatismos que, a su entender, dificultan reconocer los límites que deben respetarse independientemente de quién ejerza el gobierno.
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El resultado electoral y la repercusión nacional
La elección de convencionales constituyentes del 29 de octubre de 2006 terminó con una victoria del Frente Unido por la Dignidad. Según los datos recordados durante la entrevista, la lista encabezada por Piña obtuvo el 55% de los votos, frente al 43% del Frente Renovador.
El resultado le otorgó al FUD 20 de las 35 bancas de convencionales, mientras que el oficialismo consiguió las 15 restantes. Con esa composición, la reforma impulsada por el gobierno provincial no prosperó en los términos que habilitaran una nueva reelección de Rovira.
Passaman sostuvo que el efecto de aquella elección trascendió las fronteras de Misiones y consideró que el resultado representó un freno para otras iniciativas de reelección indefinida que se discutían en el país.
“Hace 20 años le dijimos no a la reelección indefinida y seguramente, si hoy nos convocan, también seguiremos diciendo no a la reelección indefinida”, manifestó.
El dirigente sindical también recordó las presiones que, según su relato, existieron sobre los integrantes de la lista para que mantuvieran el compromiso asumido durante la campaña.
“Me parece que eso fue muy importante sostener, pese a las presiones, el mandato de no modificar la Constitución”, remarcó.
A su vez, destacó que el frente logró reunir a personas que, aunque tenían diferencias políticas y sindicales, coincidieron en la necesidad de impedir la reforma.
Para González, el resultado también dejó una enseñanza sobre la importancia de sostener los compromisos asumidos con los votantes. Sin embargo, reconoció que el frente no consiguió mantenerse como una construcción política común después de aquella experiencia.
“Después nunca más se pudo conformar como proyecto político”, señaló Bordón, quien atribuyó esa dificultad a la imposibilidad de que los partidos que integraron el FUD coincidieran posteriormente en una propuesta superadora.
La vigencia del mensaje 20 años después
Al reflexionar sobre el significado de aquella experiencia en el presente, los tres entrevistados coincidieron en destacar la importancia de la participación ciudadana, el respeto por las instituciones y la posibilidad de construir acuerdos entre sectores con posiciones diferentes.
Bordón sostuvo que la democracia no se limita al acto electoral, sino que también requiere tolerancia, pluralismo y respeto por quienes piensan distinto.
“La democracia es respeto a las instituciones, no es sólo ir a votar, respeto a las instituciones, es respeto al otro, es tolerancia, es pluralismo, donde el disenso no puede ser atacado ni condenado como algunos pretenden”, expresó.
También planteó que el aniversario debe servir para reflexionar sobre la convivencia democrática y cuestionó las actitudes de intolerancia contra periodistas que investigan o critican al poder.
“Hoy hay que decir que no a la intolerancia, a esto de querer mandar a la hoguera a los periodistas que investigan o que critican y a tantas otras cosas que no tienen que ver con la adhesión a un proyecto político u otro”, sostuvo.
Passaman, en tanto, llamó a recuperar el protagonismo colectivo y la participación ciudadana frente a un contexto que describió como marcado por la desigualdad y el autoritarismo.
“Deberíamos nutrirnos de estos buenos ejemplos que nos saquen de nuestra casa, que nos vuelquen hacia lo colectivo, que ahí en lo colectivo siempre tenemos más posibilidad de acertar”, manifestó.
Y agregó: “Necesitamos el protagonismo de nuestro pueblo”.
González coincidió en que la experiencia dejó una enseñanza sobre la necesidad de sostener los compromisos y enfrentar las dificultades que surgen cuando se busca limitar el poder. Además, reivindicó la amplitud que permitió reunir a sectores que no compartían una misma identidad política.
A 20 años de aquella elección, el recuerdo del Frente Unido por la Dignidad vuelve a poner en primer plano una experiencia de articulación política y social que logró un objetivo concreto: impedir que avanzara la reforma constitucional que buscaba habilitar otra reelección del gobernador. Para sus protagonistas, el desafío que permanece es sostener el respeto por las instituciones y la capacidad de construir acuerdos más allá de las diferencias partidarias.
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